Un poco de una historia.
Redacción
Tepic.- Eran los años 70s, por cuestiones propias del destino fui a parar a Tijuana, a pesar de que era un lugar que me chocaba, no pude sustraerme a ir acompañando a un gran amigo, “Solo quiero que me acompañes, quiero estar allá con mi familia, no sé por cuanto tiempo”.
Bueno, mis planes de un pronto retorno fueron cambiando al de luchar todos los días para sacar para medio vivir, con los meses aprendí un oficio que combiné jugando fútbol con el “Deportivo Azteca”, dirigido por el gran amigo Abel Corpus Santillán.
En mis ratos de nostalgia, de ese Tepic pletórico de afectos y tantas cosas, me hacía la pregunta ¿Quién de mis familiares jugará fútbol?, que novedades habrá en el soccer nayarita.
No recuerdo quien me habló de un sobrino que jugaba bien, que era portero y que aportaba su talento en el cuadro mayor de Chapultepec, ¡Qué bien! Pensé, ojalá la vida me permita comprobarlo-
Por azares de ese mismo destino vine a Tepic, era domingo cuando abordé un taxi en Puebla y Lerdo, al volante Juan Reynoso Briones, un extremo izquierdo, jugamos juntos en los equipos que dirigía José Conchas “Cheperillas”.
“Llévame donde haya un buen partido”, arrancó a la “G. Elías”, se jugaba, no recuerdo si la semi o la final entre Chapules y Puga, cancha llena, aun no bardeada pero todo un costado hasta la monja de camiones cañeros, sin las redilas, llenos de gente con sombrero y broncos como nomás ellos.
Como portero estaba mi familiar José Marín Gordián Anguiano, ante mí la oportunidad de ver si daba el ancho ahí, en el puesto más canijo de un equipo, se va por la banda un pugueño, veloz, retrasa la esfera en una diagonal llena de veneno de viuda negra.
La bola iba cuando mucho a 15-20 centímetros del suelo partiendo la raya del área chica, muy difícil, hasta ahí llegó la mano de mi compadre haciendo la gran atajada ¡Vaya que sí es arquero! Me dije contento, y sí.
En ese encuentro también vi lo que oídas conocí, el árbitro, alguien que ante el “bulling” de “X” espectador, simplemente pitaba parando las acciones y retaba al carrillero, dos que tres ganchos al plexus y un directo a la quijada y asunto arreglado, a seguir pitando ya sin “ese estar ingando”, pero bueno, esa es otra historia.
Bendito fútbol de esa era.



