Una película que invita a la sociedad a nunca olvidar los crímenes cometidos por el estado con el fin de evitar que la historia vuelva a repetirse.
Por Elías Briseño Castañeda
El Agente Secreto es una producción brasileña del pasado año 2025, dirigida por Kleber Mendonça Filho y protagonizada por Wagner Moura, la cual nos relata sobre un profesor universitario que regresa a su ciudad bajo un nombre falso tras huir anteriormente de un empresario que buscaba liquidarlo, pero lejos de estar a salvo, todavía hay gente muy poderosa que tratará de acabar con él.
La película se ambienta en los años 70 en la época de la dictadura militar de Brasil que abarcó desde la década de los 60 hasta los 80, pero contando una historia de ficción, así tratando este tema de una forma universal a fin de que pueda ser entendida por todo el mundo, en especial los países que han sufrido también de gobiernos autoritarios y represivos, además de centrarse en un tema hasta cierto punto constante, pero importante en las películas sobre dictaduras: la memoria.
A pesar de lo que dice el título de la película, y que en efecto el protagonista se infiltra dentro del sistema, no intenta ser algo como 007 o Misión Imposible. No es una es una historia de venganza pese a que habría motivos de sobra, ni tampoco una película de acción a pesar de que hay unos cuantos tiros, que son bastante gráficos e impactantes. Armando, bajo el nombre de Marcelo, se arriesga a volver a la ciudad de Recife donde buscan matarlo, para poder escapar del país junto a su hijo, pero también se adentra en los Servicios de Documentos de Identificación para buscar información sobre su madre, de quien tiene pocos recuerdos.
Se puede decir que Armando lucha contra el sistema, pero no de forma directa, no lo vemos luchando de frente para derrocar al gobierno, sino que lo hace de una forma más discreta, pero no por ello menos es incómoda para el poder, y es escarbando en el pasado y también relatando su testimonio sobre su altercado con un empresario millonario que busca acabar con él, el cual queda grabado en cintas de audio. Más que una lucha armada, Armando realiza una forma de resistencia buscando sobrevivir al sistema que lo persigue.
Decía antes que la película trata el tema de la dictadura de manera universal, y es que, pese a la importancia de su contexto histórico, no busca ser un documental sobre la dictadura en Brasil, cosa que no invalida su valor como una forma de entender este período del país sudamericano, pero lo retrata con situaciones que resultarían familiares para muchos otros países, sobretodo de Latinoamérica, tal como lo deja ver la escalofriante secuencia inicial.
El film arranca con el protagonista llegando a una estación de servicio en medio de la carretera, donde se encuentra un cadáver que ya lleva varios días muerto, torpemente tapado y comenzando a descomponerse, pero que la policía no viene a recogerlo con la excusa de que están ocupados con el carnaval, incluso los oficiales de carretera que arriban a la estación no parecen en lo absoluto interesados en el cuerpo, sólo en Marcelo quien se muestra tenso con su presencia. Por si fuera poco, se nos muestra en primer plano una mancha de sangre en la camisa de uno de los uniformados, poniéndonos en alerta cuando éste revisa los documentos, registra el coche, y finalmente pide un soborno en forma de donativo.
De esta forma se nos muestra que la película transcurre en un sistema completamente corrupto, con una violencia casi normalizada, reflejando la incompetencia y frialdad de las fuerzas del orden, pero sin dejar de ser un peligro. Al mismo tiempo que ya nos cuenta la historia sin revelarla directamente, ya que entendemos por las acciones tanto del protagonista como de los oficiales, que Marcelo es alguien está siendo perseguido.
La película no nos cuenta todo de forma directa o rápida, sino que va a fuego lento, con decir que la escena donde Armando da su testimonio no la vemos sino hasta ya transcurrida casi una hora, donde narra el choque que tuvieron él y su esposa fallecida con un empresario multimillonario de nombre Henrique Ghirotti, hablando de sus prácticas corruptas, y del altercado físico que tuvo con el empresario y su hijo; razón por la cual tiene que esconder su identidad y Ghirotti intenta matarle.
El que un hombre de negocios sea el antagonista principal de la película, refleja una crítica a la influencia que ejercen los empresarios en la política, teniendo el suficiente poder para perjudicar a instituciones públicas e incluso borrar del mapa a quienes sean un inconveniente para sus intereses.
Como se dijo anteriormente, el testimonio queda grabado en unas cintas de audio que posteriormente son escuchadas varias décadas después por una joven investigadora de nombre Flávia, cosa que se deja ver mientras Armando cuenta su historia, revelando que los hechos que vemos en la película en realidad ya ocurrieron, y al igual que el protagonista, Flávia está indagando en un pasado que ha sido enterrado por el sistema.
Es un tema recurrente este del gobierno buscando ocultar sus crímenes, como ocurre al inicio donde en plenas celebraciones se le informa al jefe de la policía de un hallazgo macabro, siendo una pierna humana cercenada en el interior de un tiburón. Lo que podría parecer una víctima de un extraño ataque animal, más adelante se confirman nuestras sospechas cuando al leer un periódico que habla de este incidente junto a la desaparición de un estudiante, el mismo jefe hace un comentario cargado de humor negro revelando que, efectivamente, fueron los responsables de su deceso. Revelación reforzada con otra escena donde vemos a los policías deshacerse de otro cuerpo arrojándolo al agua.
Sobre la pierna anteriormente mencionada, también se da paso a la escena más desconcertante y divisoria de toda la película. Los agentes de la ley logran hacerse con la extremidad cercenada y la arrojan nuevamente al agua, sin embargo, de manera inesperada, la pierna aparece en la orilla y cobra vida, comenzando a atacar a varios civiles en un parque.
Es una escena tan rara que deja a muchos preguntándose si eso de verdad pasó, si de repente estamos viendo una película sobrenatural. A mi parecer, la respuesta es que simplemente la secuencia no es real, ya que, al día siguiente de ocurridos estos supuestos ataques, los titulares los encabeza la leyenda de una pierna viviente. Con esto se muestra el control sobre los medios de comunicación, no solamente para censurar, sino también creando cortinas de humo con el propósito de desviar la atención sobre una realidad que al poder le es incómoda. Una víctima de un terrible asesinato ahora se convierte en un entretenimiento barato, se omite el crimen, no se hace justicia y el recuerdo se confunde con una vulgar leyenda urbana.
Pese a que la película mantiene un tono realista, no teme en meter de vez en cuando elementos que resultan surreales, desde un gato con dos rostros, una pesadilla que augura un destino fatal, hasta una pierna viviente, lo cual, a mi parecer, hace que la película se sienta más latinoamericana, donde no es raro que anécdotas reales sean revestidas con elementos fantasiosos.
El tercer acto es el punto fuerte de la película sin lugar a dudas, cuando Ghirotti se entera de que Armando ha vuelto a Recife, manda a contratar a un sicario para que lo mate, y éste no se trata de un asesino profesional entrenado para matar como en las películas de acción, sino de un obrero de clase baja de quien incluso el hijastro de Ghirotti hace un comentario despectivo. Con esto también se aprovecha para hacer un comentario sobre las dinámicas de los poderosos con las clases más bajas, los desprecian y ven como animales, pero no dudan en aprovecharse de ellos para que hagan el trabajo sucio.
Para colmo, todo se sale de control, cuando Armando es reconocido por el asesino, éste último termina matando a dos policías y al hijastro del empresario, mientras que el protagonista finalmente encuentra los documentos de su madre y se prepara para huir con su hijo. Parece un final relativamente feliz, hasta que, como un baldazo de agua fría, Flávia encuentra un recorte de periódico donde se muestra que Armando fue asesinado poco después, y encima acusado de ser un profesor corrupto ante los medios.
El que el protagonista muera fuera de cámara es un trago amargo y provoca reacciones mixtas, y creo yo que esa es justamente la intención, ya que al mostrarse de esa forma su muerte se le priva a Armando de un final dramático, no tiene una despedida emotiva de su familia ni cae como un héroe, sino que es una muerte fría, su imagen es difamada por la prensa y su recuerdo es enterrado incluso de la memoria de su propio hijo. Algo más crudo y apegado a la triste realidad.
En la escena final, Flávia se encuentra con el hijo del protagonista de nombre Fernando, ya un adulto y convertido en doctor, y le habla acerca de la investigación que realiza acerca de su padre, de quien (al igual que Armando con su madre) conserva pocos recuerdos, y parece un poco reacio a hablar sobre lo que sucedió en esa época. Sin embargo, le cuenta a Flávia una anécdota que parece insignificante, pero que es clave para entender la película, y es que habla de cómo su abuelo que era proyeccionista de un cine local no le permitía ver la película Tiburón (1975) ya que la mera imagen del mismo le provocaba pesadillas, hasta que después de un tiempo finalmente pudo ver la película y las pesadillas simplemente cesaron.
Esta mención de la película de Spielberg no es gratuita, ya que no sólo es por la importancia que tienen los tiburones en la historia o un par de guiños visuales, sino porque Tiburón es reconocida como una obra maestra del terror especialmente por la primera mitad donde por un fallo técnico tuvieron que improvisar creando escenas de suspenso sin tener que mostrar al monstruo, y es que el terror no reside en ver al animal, sino todo lo contrario, el no poder verlo y darle forma es lo que causa mayor desasosiego.
Se puede hacer con esto un símil con los crímenes cometidos por los gobiernos autoritarios, quienes buscan deliberadamente ocultar sus acciones colocándole al pueblo un vendaje invisible para que no vean la realidad, lo cual, en vez de traer una paz basada en la ignorancia, deja una herida abierta y un sentimiento traumático en la sociedad al no recibir justicia por aquellos familiares y conocidos que fueron secuestrados y borrados de la historia por un régimen autoritario. No es sino hasta que encaramos la realidad y reconocemos el pasado para exigir justicia, por muy duro y sensible que pueda ser el recuerdo, que la sociedad podrá sentir la catarsis y la liberación de la opresión.
De forma muy similar a la también brasileña basada en un hecho real, Aún Estoy Aquí (2024), la iraní It Was Just An Accident (2025),o la argentina La Historia Oficial(1985), y es que fuera de la pretensión de obtener premios y reconocimiento internacional, películas como estas tienen importancia al invitar a la sociedad a nunca olvidar los crímenes cometidos por el estado con el fin de evitar que la historia vuelva a repetirse; y aún más importantes resultan en estos tiempos donde el autoritarismo sigue vigente en muchos países o se ha adaptado a los nuevos tiempos para infectar a las sociedades democráticas. Ya que la memoria es la mayor arma que se puede usar en contra del autoritarismo.



