Hay un consenso general en considerar que la censura en Internet ha ido en aumento. Así, por ejemplo, Freedom House, organización estadounidense que monitorea los derechos humanos en todo el mundo, sostiene que el número de personas con acceso a los medios de comunicación libres e independientes se ha reducido a su nivel más bajo en más de una década. En nuestro país, la iniciativa presentada por el senador Omar Fayad para regular Internet ha encendido los focos de alerta ante una intentona de censura legalizada
Por Ricardo Téllez
Internet ha venido a revolucionar prácticamente todos los ámbitos de la vida del hombre y en materia de información y medios no ha sido la excepción. Esta poderosa herramienta ha permitido lograr, como nunca antes, grandes capacidades desarrolladas con respecto a lo que se considera deseable en la comunicación: inmediatez, máximo alcance en difusión y penetración, multimedialidad, interactividad, eliminación de fronteras, transmisión continúa las 24 horas del días y los 365 días del año, entre otras ventajas.
Sin embargo, también se han planteado grandes retos y desafíos, como lo es en materia de regulación, principalmente porque hay prácticas que generan controversia en cuanto a los derechos de autor, privacidad y libertad de expresión, aunado a que cada vez son más los esfuerzos de censura emprendidos por grupos de poder.
Sin duda, uno de los temas más controvertidos y que mayores retos y desafíos implican en materia de regulación de la web, es el de la censura y la libertad de expresión, sobre todo porque la línea que separa el límite de la libertad de expresión no solo es muy delgada, sino además arbitraria según el juzgador.
Aunque el tema de la libertad de expresión también tiene repercusión en el derecho a la privacidad, considero pertinente vincularlo más con la censura, ya que el campo de interés del presente artículo es la regulación de la Web, y los casos más controversiales de la libertad de expresión han tenido que ver con el ejercicio de la censura, la cual adquiere sus características propias según el país del que se trata y ha constituido ya un asunto de debate mundial.
En este sentido, en los últimos años hemos sido testigos de cómo se han configurado dos grandes bloques opuestos, donde por un lado encontramos a quienes defienden la libertad de Internet y sus enormes ventajas como una herramienta que posibilita la real libertad de expresión; y, por el otro, quienes consideran la necesidad de acotar dicha libertad por diversas razones.
Ángel L. Rubio Moraga (2004) asevera que son muchos los Estados que censuran de un modo u otro los contenidos que perjudican sus intereses. “Algunos incluso pueden castigar a quienes expresan en el ciberespacio sus opiniones contrarias al ‘interés nacional’ o a lo ‘políticamente correcto’. Si ninguna de estas dos medidas alcanza el objetivo deseado, las restricciones se mueven hacia lo seguro: vetar el contenido y dificultar el acceso haciendo de Internet un lujo al alcance de unos pocos. Así, millones de ideas quedan silenciadas y otras tantas escondidas”. De tal manera, Rubio Moraga concluye que los derechos de libertad de expresión y a la información, “quedan reducidos a una mera anécdota en cuanto a Internet se refiere”.
Lo anterior, insisten observadores, no es un hecho aislado. The Huffington Post, en su artículo Free Press, Free Speech Meet Internet Censorship As Media Moves Online, afirma que los gobiernos de todo el mundo están desarrollando nuevas herramientas para censurar a la prensa y a los medios de comunicación en línea.
La UNESCO en su página del Día Mundial de la Libertad de Prensa, publicó el artículo New Barriers: Online Blocking, Censorship, Surveillance, Safety of Journalists and Bloggers, en el que advierte que el crecimiento de Internet ha propiciado también un notable aumento del poder de vigilancia de los gobiernos, así como la creación de nuevas amenazas a los medios de comunicación profesionales y ciudadanos, generando preocupaciones ante la dificultad de garantizar el flujo libre y sin trabas de la información. Aunque el artículo se centra en la censura a los blogs, destaca que la capacidad de las entidades poderosas, tanto gubernamentales como no gubernamentales, para usar las plataformas de medios digitales en detrimento de la libertad de prensa, también afecta al periodismo de investigación, y sobre este último rubro sirva como ejemplo el asunto de Aristegui y la publicación del reportaje sobre la “Casa Blanca”.
Hay un consenso general en considerar que la censura en Internet ha ido en aumento. Así, por ejemplo, Freedom House, organización estadounidense que monitorea los derechos humanos en todo el mundo, sostiene que el número de personas con acceso a los medios de comunicación libres e independientes se ha reducido a su nivel más bajo en más de una década.
El pasado miércoles 28 de octubre, la ONG presentó su informe anual 2015, donde concluye que tanto la libertad de acceso a Internet, como de expresión en la web está retrocediendo, dándole un revés a los avances que se tenían.
Afirma que seis de cada 10 personas viven en un país donde internautas han sido arrestados por compartir contenidos políticos, sociales o religiosos. Sostiene además que de que de junio de 2014 al presente año, la libertad de expresión en Internet reculó en 32 de los 65 países estudiados.
En su reporte, asevera que la nueva tendencia global detectada es que los gobiernos presionan cada vez más a los individuos y al sector privado a través de grupos como Alphabet (ex-Google), Facebook o Twitter, para que éstos retiren contenidos, en lugar de censurarlos directamente.
En su ranking, ubica a China como el peor de la lista, encabezando a los países no libres. Mientras que los que gozan de mayor libertad son Islandia, Estonia, Canadá, Alemania, Australia, EEUU, Japón e Italia, en ese orden.
México también figura en el estudio como un país “Parcialmente Libre”, indicando que la libertad de internet en nuestra nación está severamente limitada por los altos niveles de violencia contra periodistas, blogueros y comunicadores. Dicha violencia es una de las variadas formas que existen para censurar la Red, pero hay más.
A nivel mundial los grupos de poder, han logrado diversificar formas de censura como las que a continuación se enumeran, que van desde las más directas hasta las más sutiles: prohibición de acceso a Internet; restricción de acceso basado en la expedición de autorizaciones exclusivas a personas “de confianza”; represión, encarcelamiento de quienes afecten los intereses del grupo; monitorización de publicaciones y accesos; uso de filtro de contenidos y el bloqueo de sitios; campañas de propaganda en Internet; obligación encubierta a los ISP para que pertenezcan al estado; creación de intranets nacionales sustitutivas de la Red global; implementación de servicios de egovernment que aumentan la satisfacción de los ciudadanos con el gobierno y el uso de la preponderancia informativa para luchar contra la oposición al poder; creación de leyes o propuestas de regulación bajo el pretexto de la lucha contra el crimen, terrorismo o la protección de la infancia; y, uso de redes de espionaje.
Intencionalmente destaqué en negrillas la creación de leyes como una de las formas de censurar, expedidas con el pretexto de proteger causas nobles, porque eso es que está en puerta en nuestro país. Así es, a escasas horas de que Freedom House, alertara sobre el crecimiento de la censura en el mundo y de que México apenas se puede considerar como parcialmente libre, el senador priista Omar Fayad presentó una iniciativa para regular Internet, la “Ley contra ciberdelitos”, en la cual se propone castigar con cárcel a los usuarios que publiquen en internet memes, tuits, videos, audios y mensajes que divulguen «indebidamente» y «sin autorización» información privada.
Además se estarían regulando y, debo suponer que monitoreando pues no puede haber otra manera de detectar “violaciones” a la ley, actividades “como el comercio electrónico, el periodismo digital, la publicidad y las opiniones, mensajes o elementos vertidos en redes sociales”, porque asegura que éstas prácticas pueden derivar en menoscabos del patrimonio, la reputación, el honor o la actividad profesional de alguien.
Todo lo anterior, ya que, desde la perspectiva de Fayad, todas las comunicaciones por internet y redes sociales son “riesgosas”, por lo que deben de ser reguladas. Y aunque el presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Senado de última hora reculara ante la lluvia de críticas que se le vino encima por su propuesta, afirmando que si es necesario quemaría la iniciativa para volver a empezar, es preciso recordar que no ha sido el primer intento de este tipo en nuestro país por “regular” Internet. Tampoco creo que sea necesario decir más para comprender que, detrás de este tipo de esfuerzos, se asoma con descaro el monstruo de la censura.
No podemos permitir que eso pase.



