Las estrategias de negociación de Trump en el acuerdo comercial con México y Canadá, son contrarias a las estrategias de negociación de Trump, bueno, al menos a las que él pregona en su propio libro The Art of the Deal de 1987
Por Ricardo Téllez
¿Recuerda la imagen de Trump manoteando y jalando al primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, durante el encuentro de los líderes mundiales que visitaban la nueva sede de OTAN en Bruselas, solo para poderlo quitar, abrirse camino y quedar al centro y al frente de todos en el grupo?, ¿qué me dice de la otra imagen, la del eterno saludo con Emmanuel Macron, presidente de Francia, con casi medio minuto de duración más que saludo parecían vencidas o pruebas de resistencia a ver quién era el primero en romper el saludo como señal de sometimiento? Bueno, pues ese es Trump, tramposo, bravucón, provocador, prepotente, siempre “ganador”, sea como sea.
La imagen que el presidente de Estados Unidos ha manejado no iba a ser otra en la negociación del TLCAN, tampoco sus estrategias. Para él, una negociación no es buscar el ganar-ganar, sino el ganar-perder, “yo gano, tú pierdes”. Y lo que buscará es salir como ganador, al menos mediáticamente, porque en los hechos ya vimos que con este tipo de posturas en realidad lo que está haciendo es perder y haciendo perder a los suyos, como en el caso de la ruptura del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), donde quien iba a ganar era precisamente su país, pues con ello se formaría un frente para darle batalla a China, quien es en realidad su principal problema comercial y no nuestro país, pero como quería mostrar fuerza, poder y autoridad ante los reflectores, decidió romperlo, un berrinche similar al del dueño del balón que decide retirarse del partido para que nadie juegue, un juego en el que él y la economía norteamericana saldrían ganando.
Las estrategias de negociación de Trump en el acuerdo comercial con México y Canadá, son contrarias a las estrategias de negociación de Trump, bueno, al menos a las que él pregona en su propio libro The Art of the Deal de 1987. Tramposo e incongruente como él solo, ha roto varias de las 11 reglas de la negociación que él mismo recomienda en ese texto sobre el que dijo, es su segundo libro favorito después de la Biblia.
En El Arte del Trato o El Arte de la Negociación, Donald Trump dice: “No te aferres a un enfoque o a un punto en la negociación. Mantén la mayor cantidad de opciones abiertas, sabiendo que muchas de ellas no servirán”. Pero desde un principio Trump se ha mostrado cerrado, obstinado, es evidente que lo que trata de hacer es que pierda México o no hay trato, o se hace lo que él dice o no hay trato, al grado tal que está pidiendo imposibles, como por ejemplo garantizar que no haya déficit comercial para su país, cuando eso está lejos del control del nuestro, pues no depende de nosotros sino de los empresarios que exportan de México a Estados Unidos (en su gran mayoría empresarios estadounidenses), así como de los empresarios que exportan de Estados Unidos a México, ¿cómo garantizar eso?
Trump sugiere en su libro: “Devuelve los golpes. Sé bueno con quien te trata bien, pero devuelve los golpes a quien te ha tratado de hacer daño”. Pero en la práctica se ha mostrado como un patán, de esos de la idea de que el que pega primero, pega dos veces, y él es el que ha dado los golpes. Nuestro país, se ha pasado de bueno con él y no nos ha correspondido. Desde su campaña electoral la agarró contra México y no iba a ser diferente para la negociación del TLCAN. A finales de julio, autoridades sanitarias de Estados Unidos culparon a papayas mexicanas por un brote de salmonela en doce estados de aquel país publicando que, incluso, ya habían provocado la muerte de uno en Nueva York. Días antes de este caso de la papaya mexicana, las autoridades norteamericanas habían emitido una alerta a su población para evitar comprar juguetes de la marca Mattel por haber detectado plomo en la pintura de algunos de sus productos, probablemente Usted pensará que aquí no le pega a México por ser una empresa norteamericana, pero sí lo hace, ya que Mattel, si bien nació como marca estadounidense, actualmente no produce sus juguetes allá sino en nuestro país, pues en 2001 cerró su última planta de producción que tenía allá, que era en Kentucky, para trasladar la fabricación total a las plantas que tiene en México y algunas en Asia.
También días antes de la negociación, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos dio a conocer la vinculación de 21 mexicanos y 42 empresas mexicanas con un grupo criminal del narcotráfico, encabezado por Raúl Flores Hernández, entre estas personas vinculadas destacan el futbolista Rafael Márquez y el cantante Julión Álvarez, ambos con gran aceptación y simpatía por parte de los mexicanos. ¿Por qué después de años de investigación se hizo pública esta información días antes de la negociación?, ¿mera coincidencia?
Ya en el marco de la negociación, entre la primera y segunda ronda, el Departamento de Salud Pública de California (CDPH, por sus siglas en inglés) alertó que dulces mexicanos estaban contaminados con plomo, por lo que pidió a los estadounidenses que no los consumieran.
Tal parece que el mensaje que se pretende dar es que tanto los productos mexicanos, como los productos de empresas estadounidenses fabricados por mexicanos, así como los propios mexicanos y sus empresas, no le convienen a Estados Unidos, generando un clima de animadversión en aquel país en contra de lo nuestro, reforzando la campaña mediática negativa que armó desde que buscaba la candidatura de su partido y luego la presidencia de su país. Y eso, está muy lejos de aquello de “ser bueno con quien te trata bien”.
Hay otras dos reglas pregonadas por Trump que son fundamentales y que también está incumpliendo, la de mantener los costos bajo control y la de ir a la negociación preparado para lo peor, pues lo más costoso para Estados Unidos, lo peor que le podría pasar sería que se rompiera el acuerdo tal como Trump ha amenazado con hacer, lo que sería un auténtico harakiri para ellos pues, por ejemplo, en materia de exportaciones de nuestro país, el sector más fuerte es el que representa la industria automotriz, donde los que más se perjudicarían serían los empresarios norteamericanos asentados en México, si no hay acuerdos sus exportaciones se encarecerían por los impuestos que tendrían que pagar.
A la única regla a la que sí se ha apegado Trump para la negociación del TLCAN, es en la que dice: “Difunde tu lado de la historia. La prensa (y el público) siempre tienen hambre de una buena historia. Trata de que en ella predomine tu punto de vista”. Pues es claro que ante los que votaron por él, su postura dominante ha tenido aceptación, es decir, el discurso de que los mexicanos les están quitando el trabajo a los norteamericanos sí le funciona, aunque sean mentiras lo que dice, ya que, como lo he señalado, no es nuestro país su principal problema sino China; además, desde que empezó con la deportación de inmigrantes, empresarios y agricultores norteamericanos se han quejado de la falta de trabajadores, si lo que él dice fuera verdad no tendrían los bajos niveles de desempleo que tienen y además esas plazas laborales ya hubieran sido ocupadas por los estadounidenses.
Con la ruptura del acuerdo, mediáticamente Trump ganaría, pero en los hechos perdería como perdió ante aquel ministro que jaloneó, así como perdió ante el presidente de Francia al que quiso humillar, porque al final de cuentas quien más mal quedó fue él y no los demás. Si insiste Trump en la confrontación, más que en la negociación, lo mismo le pasará en el TLCAN.
Ya empezó la segunda ronda de negociaciones, habrá que estar al pendiente de los resultados.



