En la presente administración federal, el manejo diplomático de nuestro país ha sido inconsistente, con momentos de luz pero también con momentos de sombra
Por Ricardo Téllez
Al fin el jueves pasado dejó suelo mexicano el que fuera embajador de Corea del Norte en nuestro país, Kim Hyong Gil, quien partió del aeropuerto de la Ciudad México con rumbo a La Habana, Cuba, desde donde seguirá despachando como embajador, pero solo para los países de Centroamérica, función que también realizaba desde la misma sede que tenía en tierras aztecas.
El pasado 7 de septiembre, justo el día del sismo de más de 8 grados que cimbrara al país, horas antes un comunicado de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) sacudió la inveterada tradición de no intervencionismo que tantas palmas le había hecho ganar en el mundo a nuestra diplomacia mexicana: el embajador de Corea del Norte fue declarado persona non grata y se le fijó un plazo de 72 horas para que abandonara el país.
Esta acción se aplicó como una muestra de rechazo a las pruebas nucleares de Norcorea, según se explicó en la misiva: “Con esta acción diplomática, México expresa al gobierno de Corea del Norte absoluto rechazo a su reciente actividad nuclear, que significa una franca y creciente violación del derecho internacional y representa una grave amenaza para la región asiática y para el mundo”.
Unos cuantos días antes de la expulsión, el 3 de septiembre, Corea del Norte había realizado su sexta prueba nuclear, con una potencia destructiva preocupante, lo que desató la respuesta reprobatoria por parte del Consejo de Seguridad de la ONU y por parte de nuestro país ya que “representa una amenaza creciente para las naciones de la región, incluyendo a aliados fundamentales de México como son Japón y Corea del Sur”, se lee en el comunicado de la SRE.
Por lo anterior y en atención a lo dispuesto por el Presidente Enrique Peña Nieto, México se abocó a cumplir “plenamente” las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Corea del Norte.
Sin embargo, a Kim Hyong Gil le fue imposible atender el plazo de 72 horas fijado para que abandonara nuestro país, plazo que venció a mediodía del domingo 10 de septiembre, debido a que no podía viajar a la isla de Cuba por cuestiones climatológicas, pues hay que recordar que por esos días estaba haciendo de las suyas el huracán “Irma”.
Por su parte, Kim Hyong Gil reaccionó ante la medida impuesta por México, y calificó de ignorante la decisión tomada por el gobierno mexicano ya que –dijo- si lo que se trata es de cuestionar y actuar contra la carrera armamentista nuclear, entonces nuestro país tendría que cuestionar el comportamiento de su vecino, Estados Unidos. Efectivamente, no hay que olvidar que EU prácticamente ha monopolizado el “derecho” del desarrollo armamentista para sí y sus aliados, en tanto que ha sido muy duro con quienes no lo son y pretenden hacer lo propio. Incluso, en abril de este año, Estados Unidos lanzó la llamada “madre de todas las bombas” sobre Afganistán, con un saldo reservado. Desde el punto de vista de los norcoreanos, ellos piensan que están en su derecho de desarrollar las armas necesarias para poder enfrentar un eventual ataque de su enemigo, Estados Unidos, al menos ese ha sido el argumento que el gobierno de aquella nación promueve y que ha sido asimilado por los norcoreanos.
Lo cierto es que en la presente administración federal, el manejo diplomático de nuestro país ha sido inconsistente, con momentos de luz pero también con momentos de sombra. Por ejemplo, un gran acierto que pocos entendieron fue la invitación del gobierno de nuestro país al entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump; y digo un acierto por la importancia que tiene ese país para el nuestro y porque era una tradición en protocolo de actuación que nuestra nación invitara a los candidatos, por lo que no había razón para dejar de hacerlo, el problema fue que Hillary Clinton no aceptó la invitación, en tanto que Trump sí; otro problema fue que no se supo comunicar las razones de la invitación y en cambio pesó más el trato equivocado que el gobierno dio al magnate en su visita, como si fuera una visita de Estado, cuando no lo era.
Acierto fue el ofrecer ayuda a Estados Unidos ante las afectaciones del huracán “Harvey”, en agosto de este año, ayuda por cierto no correspondida por EU a nuestro país ahora con el pasado sismo, y en cambio lo que recibimos fue una justificación a manera de reproche de parte de Trump sobre el por qué duró tanto en poderse comunicar con Peña Nieto.
También ha acertada la postura del gobierno mexicano ante el nefasto Trump, pues ha prevalecido la moderación y prudencia, aunque muchos no estén de acuerdo, pero si habría que responder en el mismo nivel de Trump, entonces nuestro Presidente tendría que imitar a Nicolás Maduro, la antítesis de Trump pero en el fondo tan igual a él.
Pero también ha habido momentos de confusión, como la del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien sin ser encargado de las relaciones exteriores sino de la política interna del país, en febrero de 2015, durante una cumbre organizada en Washington por la Casa Blanca y el Departamento de Estado, el Secretario dejó atrás la política no intervencionista que caracterizaba a nuestro país y comprometió a nuestra nación a apoyar a la coalición global contra el terrorismo, afirmando que México, como aliado de Estados Unidos y la coalición, lucharía contra la radicalización del extremismo y evitaría que su territorio se convierta en refugio de organizaciones terroristas, con ello, prácticamente le estaba declarando la guerra al terrorismo, lo cual refrendó con el envío de mexicanos como “Cascos Azules” o fuerzas de paz de la ONU. A consecuencia de ello, en noviembre de ese mismo año y por primera vez, nuestro país apareció dentro de las amenazas de un grupo terrorista, es decir, como un blanco para el grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe), mediante el video “No Respite” (No respiro o sin tregua), donde se presentaron varias tomas violentas y amenazas dirigidas a 60 países, entre ellos el nuestro que si bien no ha tenido una participación activa en los combates armados emprendidos contra países con células terroristas, sí es considerado como un país “soporte” de los que sí lo hacen. Daesh fue el grupo que se reivindicó la autoría de los ataques en París del 13 de noviembre de 2015, es decir, 12 días antes de la difusión del video.
Aún no me atrevo de calificar de acertada o equivocada la expulsión del embajador norcoreano. Lo que sí afirmo es que no percibo un equilibrio en el actuar de nuestro cuerpo diplomático, pues si bien reaccionó ante las pruebas nucleares del gobierno de Kim Jong-un y además acató las resoluciones de la ONU, no reaccionó igual ante la suspensión del DACA, programa que protegía a nuestros “dreamers” en Estados Unidos y ni tampoco valoró de igual manera las resoluciones de la ONU en contra de Israel, a cuyo primer ministro, Benjamín Netanyahu, nuestro gobierno recibió justo en estos días; cierto, Netanyahu es todo un personaje en la política mundial, pero representa a un país y a una política sobre la que también la ONU ha emitido sus resoluciones en contra. De este modo falta claridad y equilibrio en el actuar de nuestro país respecto a sus relaciones exteriores.
Habrá que ver si ahora Corea del Norte no nos incluye en sus enemigos y si no empieza a apuntar sus misiles hacia nuestro país. ¿Había necesidad de ello?
* Imagen tomada de Notiguia.tv



