Hay serios indicios que nos revelan el nombre de Plutarco Elías Calles, el fundador del abuelo del PRI (PNR), como el verdadero promotor de la “educación socialista” en México
Socialismo por decreto
Tercero constitucional: al
margen de la historia real
ERNESTO ACERO C.
Generalmente se reconoce a Lázaro Cárdenas del Río como el promotor de la educación socialista. Se suele asegurar que durante su mandato se reformó la Constitución Política de México para incorporar en su artículo tercero el concepto “socialista”. No obstante, hay serios indicios que nos revelan el nombre de Plutarco Elías Calles, el fundador del abuelo del PRI (PNR), como el verdadero promotor de la “educación socialista” en México.
Durante la Segunda Convención de Querétaro realizada por el Partico Nacional Revolucionario (PNR) en el mes de diciembre de 1933, ocurrieron tres asuntos de la mayor importancia. Primero, ahí se postuló a Lázaro Cárdenas del Río como candidato presidencial del PNR. Segundo, ahí se aprobó el contenido del Primer Plan Sexenal, concebido para orientar el trabajo del gobierno federal durante los seis años de cada gobierno. Y tercero: se aprobó dar impulso a una iniciativa de reforma constitucional para declarar la educación pública con el carácter de socialista.
El primer presidente que hace un mandato de seis años es Lázaro y es él mismo quien logra estabilizar al país y los procesos sucesorios (fundados en el parricidio político). Cambia de nombre al PNR para denominarlo Partido de la Revolución Mexicana (PRM, 1938) y además de la expropiación petrolera (1938) y la creación del IPN (1936), se crean organismos de tanta importancia como la CNC (1938), la CJM (1939) y la CTM (1936).
El Plan Sexenal tenía como fuente de inspiración los llamados planes quinquenales de la entonces Unión Soviética concebidos por el Gosplán. Estos planes son la base en la que descansaría la economía centralmente planificada en la ex URSS. Se trata de la economía concebida en el escenario de lo que suele ser denominado “socialismo real”.
La discusión sobre el papel de la educación y la presencia de las ideas de la Revolución de Octubre se había registrado en el país de una manera intensa en el periodo post-revolucionario. El de 1933 es un año en el que se realiza la Convención de Querétaro (PNR, diciembre) y es antes, en el mes de septiembre, cuando se desarrolla el debate entre Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano sobre el tema de la orientación ideológica (…!) que debía imponerse a la Universidad. Ese año, en diciembre, se discute al seno del PNR el tema educativo en el que se centra nuestro esfuerzo.
¿Cómo se procesa esa reforma constitucional?. El texto original del artículo tercero de la Ley Fundamental (primer párrafo) decía así: “La enseñanza es libre; pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria, elemental y superior que se imparta en los establecimientos particulares”.
La Constitución profunda y ampliamente reformada data del año 1917. En estricto sentido es de 1857, y el texto original de la Constitución de 1857 era el siguiente: “La enseñanza es libre. La ley determinara que profesiones necesitan titulo para su ejercicio, y con qué requisitos se deben expedir” (sic). La primera reforma data precisamente de fines de 1934, aunque se gesta desde finales de 1933. Eso significa que por unos 17 años el texto constitucional referido se mantiene intacto.
No obstante, en ese lapso la educación en México presenta importantes avances, como la creación misma de la Secretaría de Educación Pública.
Ya con Lázaro Cárdenas como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, el jueves 13 de diciembre de 1934 se publica en el Diario Oficial de la Federación (DOF) la reforma aprobada al tercero de la Constitución Federal, que quedaba de la siguiente manera (en el párrafo citado): “La educación que imparta el Estado será socialista, y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social”. La reforma publicada en 1934 aparece firmada al calce por los Senadores nayaritas Guillermo Flores Muñoz y Esteban Baca Calderón. En Nayarit, en esos días, se encontraba al frente del Ejecutivo local Lamberto Luna Plata, uno de los varios gobernadores interinos que asumieron el cargo durante el periodo de Francisco Parra Ortiz (1934-1937).
Más adelante se procesa una reforma que echa abajo la de diciembre de 1934. En 1946 (lunes 30 de diciembre), al inicio del mandato de Miguel Alemán Valdés, de nuevo se modifica el texto constitucional para quedar de la siguiente manera: “La educación que imparta el Estado –Federación, Estados, Municipios– tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria y a la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”.
El debate fue tan intenso que los choques se dieron entre los integrantes de la misma fuerza política, la del PNR. Entre los legisladores que debatieron el asunto se destaca Luis Enrique Erro, que reclamaba delimitar el concepto “socialista” para evitar confusiones futuras. Por ello, en los debates se eximió de responsabilidades políticas ante la cerrazón de algunos sectores, al expresar que “Si alguno de ustedes, señores diputados, quiere atar a los pies del general Cárdenas un grillete comunista, que lo haga; pero no con mi asentimiento”.
Por su parte, Manlio Fabio Altamirano sostenía que en diversas ocasiones se le consultó al “Jefe de la Revolución”, Plutarco Elías Calles sobre el tema que habría propuesto a los asistentes, primero a la Convención de Querétaro y que luego serían los legisladores que discutirían y aprobarían la reforma. Confesaba que el meapilas Elías Calles se habría referido al tema con “estas o parecidas frases”: “Es obligación de la Revolución Mexicana apoderarse de la niñez y de la juventud, a la cual entregaremos la bandera de la Revolución”. Es conocido el anticlericalismo callista y su postura “anticapitalista”, por lo qué ligado a lo anterior, el mismo Altamirano consigna que en la ciudad de Monterrey, días antes de la sesión en la que hablaba, Calles declararía que, “El capitalismo, la burguesía y el clero de Monterrey, no han sabido comprender las franquicias que el gobierno les ha otorgado, y están combatiendo al gobierno revolucionario”.
Se ha llegado a señalar que fue Abelardo L. Rodríguez quien aprobó la modificación constitucional para declarar socialista la educación impartida por el Estado mexicano. La verdad es que desde el inicio de la propuesta, el antecesor de Lázaro manifestó su rechazo a declarar socialista la educación en México. El 21 de diciembre, pocos días después de concluida la Convención Nacional del PNR, le dirigía una carta al dirigente nacional del PNR, Carlos Rivapalacio, a quien le expresaba su preocupación por sustituir la educación “Laica” por la “Socialista” en una carta en la que precisa: “Es mi opinión sincera, que la modificación que se introdujo en Querétaro al Proyecto del Plan Sexenal, pretendiendo establecer imperativamente en nuestra Carta Magna el principio de ENSEÑANZA SOCIALISTA, ES UNO DE ESOS ERRORES COMETIDOS QUIZÁ DE BUENA FE y con el propósito de establecer un principio avanzado, pero que resulta inadaptable a nuestras realidades e impracticable en la vida de la colectividad mexicana”.
El diputado por la XXXVI Legislatura federal (a la que concurrió también Plutarco Elías Calles jr., por cierto) Roque Estrada de plano confesaba haberse entrevistado junto con otros diputados con Plutarco Elías Calles, jefe de todos ellos, en busca de la “línea” (“para ver si soltaba prenda”, según palabras del mismo Roque), y lo que les habría dicho fue que, según palabras del mismo legislador: “Váyanse con prudencia: el enemigo no es una jugarreta. ¿Por qué? Porque tiene experiencia de ello. Es mejor lo poco bien apretado, que lo mucho que se escurre entre los dedos”.
Finalmente, la realidad no cambió con la reforma constitucional. La realidad fue ajena a las deliberaciones y todo tipo de elucubraciones legislativas, dado la bárbara (mala) costumbre de que la praxis se mueva por carril distinto al de la teoría.



