No hay duda de los resultados que veremos de la elección presidencial. Ya sabemos quién va a ganar y quienes van a perder. Lo que se debe destacar de lo que hasta ahora hemos visto, son las graves grietas que tiene la realidad de la elección
Estridente discurso de lodo
Elecciones caras
y sin democracia
ESCRIBE: ERNESTO ACERO C.
No hay duda de los resultados que veremos de la elección presidencial. Ya sabemos quién va a ganar y quienes van a perder. Lo que se debe destacar de lo que hasta ahora hemos visto, son las graves grietas que tiene la realidad de la elección.
Nos dice Michelangelo Bovero y con sobrada razón, que puede haber elecciones sin democracia, pero no democracia sin elecciones. Él mismo, abre la puerta para que eventualmente podamos ver una democracia sin elecciones.
Por su parte, Cornelius Castoriadis reconoce la importancia de los procedimientos en el sistema democrático, aunque no les concede tanta importancia como a otras variables: “Los procedimientos democráticos constituyen una parte, ciertamente importante, pero sólo una parte, de un régimen democrático” *. Uno de los procedimientos para postular candidatos es el de la chistera de mago, que hace aparecer como aspirante a un cargo a un individuo que jamás en su vida hizo trabajo político sino solo para su interés personalísimo. Dicho de otro modo; estamos ante una “democracia” que no respeta ni los procedimientos que declara como propios. Numerosas postulaciones no obedecen a resultados de encuestas, ni a “consultas” a “militantes” ni nada que se le parezca. Desde Coahuila, los pillos nos han mostrado su “método”, el del reparto del botín.
En una democracia se requiere de partidos para que esta funcione. Se requiere de reglas claras y de normas legales que se conviertan en recurso extremo para la solución de conflictos. La democracia requiere también de precondiciones en términos de los niveles de bienestar de la población.
Nuestra realidad nos pone en evidencia que los partidos no existen. Una evidencia de ello es el “misterio” que envuelve la selección de candidatos a cargos de elección popular y de “dirigentes”. Esto tiene gravísimas consecuencias. Dado que los partidos son el caldo de cultivo de lo que es la clase política, en ausencia de los mismos lo que se pone en evidencia es la ausencia de clase política. Lo que puede existir en la escena pública es la presencia de figuras políticas, elementos aislados. No obstante, las figuras políticas se manifiestan en la realidad a pesar de todos los males de una democracia que lo es solamente por denominación.
Las reglas claras, para elegir candidatos a cargos públicos, para designar representantes de partidos, eso no existe. Tampoco existen las normas legales a las que se sometan todos los actores de la escena.
Antes de seguir con esta breve reflexión, valga mencionar que de manera descarada se violan preceptos constitucionales una y otra vez. A guisa de ejemplo, en materia de radiodifusión y telecomunicaciones, vemos como se burla la prohibición de publicidad o propaganda que suele ser presentada como información periodística o noticiosa. Ocultar ese sol con un dedo es absolutamente ocioso y farisaico.
La voluntad para someterse a las reglas políticas y a las normas jurídicas, sencillamente no existe. Vemos a las expresiones más retrógradas como invierten de manera ruinosa, enormes cantidades de dinero para manipular a una población a la que se le inyecta miedo. Ese miedo es el ingrediente para polarizar a la población y hacerle susceptible de aterrorizar con campañas para presentar candidatos como “peligro para México”. Ahora el lodo está de moda y ese lodo es enemigo de la democracia, enemigo del diálogo, cáncer para la competencia y alcahueta de la incompetencia.
La aplicación de “estrategias” enunciadas en documentos como el “Plan Tabaco Negro”, nos muestra la ausencia de demócratas en la derecha recalcitrante. ¿En qué consiste ese plan en el contexto del proceso electoral? El plan Tabaco Negro consiste en desacreditar a todos aquellos que son definidos como “enemigos”. ¿Cómo desacreditar? La respuesta es sencilla: de cualquier forma y a cualquier costo. De lo que se trata, según el plan derechista “Tabaco Negro”, es lograr la aniquilación de los que no ven como competidores, sino como enemigos a destruir.
Es un escenario peculiar. Se trata de un escenario en el que se realizan elecciones, pero sin partidos políticos y en buena medida con candidatos que carecen de formación política y qué, por tanto, carecen de propuestas y que están dispuestos a debatir como gente chimolera de esa que alega hasta cuando está de acuerdo en un tema.
Las elecciones son caras. Así, se financia a los “partidos”, se da dinero a los candidatos y se canalizan miles de millones de pesos para “organizar” los procesos de reclutamiento de “servidores públicos” que toman como otro empleo más el oficio de servir a los demás. Elecciones caras y sin visos de una democracia verdadera, y donde lo que menos importa es la representación y en donde se simula la equidad y la paridad.
No obstante, en la vida pública también están presentes figuras políticas con sincera vocación de servicio, con verdaderas convicciones democráticas. Eso es lo que deben valorar las personas que se interesan en política, todos los que tienen la intención de sufragar. Es necesario reconocer y valorar a quienes, a pesar de un entorno ajeno a la democracia, salen a contender con el interés supremo de servir a los demás. Lo bueno se debe premiar. Claro que sí.
* Cornelius Castoriadis, “La democracia como procedimiento y como régimen” (Febrero 1994).



