Este miércoles el maestro Dagnino nos enseñó a hacer sonetos. A partir de ese momento, comencé a pensar rimando. Jamás me había pasado.
Por Javier Castellón
Este miércoles el maestro Dagnino nos enseñó a hacer sonetos. Nunca en mi vida había hecho alguno, aunque había disfrutado leyendo muchos, entre ellos los de Sor Juana Inés de la Cruz. Cuando nos mostró las reglas básicas, sufrí una anunciación; Cualquier cosa podía escribirse en verso siguiendo las sencillas reglas de escribir en octava (8 versos) y sextina (6 versos) con versos de 11 sílabas. Todo mi mundo anterior se derrumbó y me pregunté cómo era que no lo sabía. En eso estaba, cuando al buscar la pluma en la bolsa de mi camisa, me di cuenta que esta se había derramado causando una mancha terriblemente visible, lo primero que hice al limpiar mis dedos, fue escribir el siguiente verso:
De la tinta breve me he manchado
tanta blancura se tiñó de rosa
azul se convierte en fea cosa
cuando tantas cosas ha dejado
Mi camisa, blanca, teñida de rosa se había manchado con el azul de mi pluma fuente. Pero ya no me importó, había escrito en verso.
A partir de ese momento, comencé a pensar rimando, Jamás me había pasado. Sin embargo, no voló ninguna paloma mensajera en el azul infinito, o dos tórtolos se besaron apasionadamente en el verde encanto de los jardines universitarios. No, lo que pasó después, me despojó del romanticismo del verso. A mi teléfono (maldito aparato) llegó un apurado mensaje de un funcionario escolar de una unidad académica del campus. Era un llamado angustioso a los maestros para que compraran su botellón de agua potable, porque él ya no podía disponer de su dinero para seguir comprándolo y decía “…nos indican de la administración central que no hay fecha para el descongelamiento de las cuentas de ingresos propios, por lo que les pido su comprensión y colaboración para la adquisición de agua de garrafón…” Me dolió hasta el alma. Yo como estudiante me puedo comprar una botellita de agua en la cafetería escolar, pero los maestros que todo el día hablan, se quedarán secos de la garganta. Como ya no soy maestro en activo y no puedo protestar en los chats de profesores, solo pensé en tomar un papel y escribir en verso recién aprendido, lo siguiente:
Qué demonios pensará el Seguro
si congelando las cuentas pudo
continuar golpeando tan rudo
con alma fría el corazón duro
Falta el agua en toda escuela
por la trama que se ha urdido
tanta sed que se ha extendido
que no hay cosa que no duela
Unos cuantos versos, pueden decir lo que mil proclamas. Poeta Dagnino, que has hecho.
Javier Castellón



