Desde que sonaba la campana se enfrascaban, duro, sin dar ni pedir cuartel.
Por Mario Anguiano
Tepic.- Un término que escuchábamos en aquellos tiempos inolvidables del boxeo mexicano, tanto en lo local como en el de otras partes eran verdaderos agarrones sobre la lona, como olvidar las peleas entre, por ejemplo, Rubén “El Púas” Olivares contra Chucho Castillo.
Desde que sonaba la campana se enfrascaban, duro, sin dar ni pedir cuartel, los que estábamos viendo el combate en la tele blanco y negro teníamos que refrescar el gaznate a cada rato.
Hornadas en México de excelentes pugilistas, muchos de ellos se convertirían en leyendas, simplemente el deporte de las orejas de coliflor era otra cosa.
Todo eso tuvo su repercusión en el resto del país, Nayarit no sería a excepción, éramos infantes de 5-6 años cuando tuvimos el acceso directo a una función de box, en Ixcuintla, por el rebaje, enfrente de una gasolinera está un espacio, ahí pusieron un ring, en la estelar Pancho López (canción de moda) contra “Diamante Negro” de Tepic, Luís Barrios.

Este propinó un nockout a Pancho, espectacular en el 5to. Round con un limpio gancho a la mandíbula, eso le brindó al algún empresario vivales, la oportunidad de enfrentar a Barrios contra otro diamante negro, este de Ruiz y cuyo peso era mucho mayor al de Tepic.
Esa pelea fue en la arena de don Amado Jiménez, por la calle Hidalgo entre Ures y Mazatlán (Hoy P. Sánchez), el resultado fue similar a cuando pusieron a “Mantequilla” Nápoles contra Carlos Monzón.
Época dorada para fistiana fue en la arena “Coliseo” de don José Esparza “Chachalaco”, la raza disfrutaba esas funciones y llenaba el lugar, peleas como la de Federico Rentería contra José Luís Cerezo por el campeonato estatal.
O Quetzal Rentería en sus pleitos contra, por ejemplo, Juan “Minuto” Gerardo o con Santana Llanes y Cara Rivero, Roque Rentería contra Ramón “Chiquilín” González, era esa dinastía, orgullosa, representativa del boxeo nayarita.
En esa era obvio que hubo otros muchos, Tacho Rosas, Alejandro Hernández, vimos al “Huracán” Hernández y Kid Montoya, luego a “Los Kinkones” y tantos más, era de cuando el deporte en general era más sano, los púgiles de entrega total, todavía las empresas no contaminaban tanto.

En Santiago Ixcuintla era un imán de taquilla el señor Salvador Ceceña Fregoso. “Koli-Kolo” y sus combates épicos contra “El Diamante Negro”, en aquella arena montada en el cine Lux, ya retirado este señor trabajó como velador en “El Sol de Tepic” de don Raúl Romero Gallardo, en calles Miñón y Zacatecas, ahí le conocimos.
Y suele pasar, cuando se escribe de algo que tiene una historia, como casi todo, la memoria hace lo suyo, flaca de por sí, otra, se carece de los datos en su totalidad y lo que se escribe en simplemente para volver a vivir en lo que corresponde, esos recuerdos.
Nunca faltará, a pesar de esta aclaración, quien recrimine: “Hey, te falto este y aquelotro, y esto y aquello”, bueno, ofrecemos disculpas ante tamaña ignorancia que nos abruma, no crean que no.
El arte de fistiana, es: “Expresar algo con los puños, una idea, una imagen, algo interno, conocimiento”.
Un recuerdo respetuoso para mánagers como Toño Figueroa, Tacho Rosas, don Jesús Valencia, Roque Rentería, Chalío Medina, Evaristo Huerta, los Mú, “Comando” Venegas, “Topo” Rosas, el Koli-Kolo que en la escuela EMO de Santiago daba clases de boxeo y los que no recuerdo.



