Por favor, no invoquen a Rubén Jaramillo. Olviden quién lo mató a él y a su esposa embarazada. Tampoco se refieran a Demetrio Vallejo y a Valentin Campa y a los miles de ferrocarrileros detenidos
Por Javier Castellón
Queridas y queridos legisladores
Por favor, no invoquen a Rubén Jaramillo. Olviden quién lo mató a él y a su esposa embarazada. Tampoco se refieran a Demetrio Vallejo y a Valentin Campa y a los miles de ferrocarrileros detenidos y llevados a prisión con bayonetas en la espalda. Por favor, no hablen de los tanques que pisotearon la Universidad Michoacana o los mismos blindados que desalojaron el zócalo el día en que los estudiantes decidieron quedarse pidiendo diálogo público al presidente en agosto del 68. Mucho menos hablen del bazucazo que destruyó la puerta de San Ildefonso con los estudiantes detrás de ella, solo falta que digan que los mismos jóvenes la incendiaron.
Por favor, olvídense del desalojo y la ocupación de Ciudad Universitaria, de la batalla a balazos en el Casco de Santo Tomás y la matanza de ciudadanos y estudiantes reunidos una tarde de octubre en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco. Ni siquiera mencionen las prisiones del campo militar número uno, lleno de muchachos detenidos, golpeados y torturados en esa negra noche o del grupo paramilitar “Los Halcones” entrenados por oficiales que asesinaron decenas de estudiantes en una manifestación en las calles de San Cosme y Tacuba, cuyo coronel responsable fue gobernador de Nayarit en desagravio a su despido como jefe de la policía de la capital.
Tampoco se acuerden de la guerra en Guerrero contra Genaro Vazquez y Lucio Cabañas. los pueblos arrasados, los inocentes asesinados y las familias perseguidas. Hagan como si no saben nada de la integración de la Brigada Blanca y de la lucha antiguerrillera de los años setenta, su saldo de jóvenes muertos, heridos y desaparecidos en todo el país. Declarense ignorantes que tropas participaron en el brutal fraude que le robó el triunfo electoral al pueblo de Nayarit y a Alejandro Gascón Mercado en 1975 y que varios de ellos participaron como miembros de la policía universitaria que asesinó a tres trabajadores al romper una huelga en la UAN.
No digan nada cuando les digan que ejecutaron guerrilleros del EZLN armados con fusiles de palo y las manos amarradas a la espalda en el mercado de Ocosingo. Dirán que fue en el cumplimiento del deber, pero los prisioneros de guerra son protegidos por la convención de Ginebra y aun así, los mataron.
Hagan como que no se dieron cuenta que dos estudiantes de maestría del Tec de Monterrey que se encontraban estudiando en su campus y que al salir a cenar fueron acribillados por un pelotón que luego les sembró armas y los acusó de narcotraficantes.
Voltensee para otro lado y laméntense que los informes sobre el crimen de los normalistas de Ayotzinapa nadie pudo sacar información de la participación de la zona militar de Iguala. Solo retazos, rumores y trascendidos fue lo único que se pudo hacer. No hubo acceso a los archivos y tanto el anterior gobierno, como este que está por salir, emitieron la misma “verdad histórica”.
Sé que de lo único que se acuerdan es que Calderón desató una guerra que incrementó los niveles de violencia y multiplicó el poder de fuego de las bandas criminales. Si, pero tampoco digan nada cuando alguien les reclame que 12 años después de que ese señor dejó de ser presidente, la violencia, las desapariciones y el número de muertos y las violaciones a los derechos humanos han ido creciendo y que al día de hoy, la Guardia Nacional suma más de 1,700 denuncias ante la CNDH por tortura, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas en los últimos cinco años.
Es mejor que todo eso lo olviden para que no les llegue el arrepentimiento y la vergüenza al contribuir a militarizar el país. Se que van a decir que ustedes siguen órdenes y que el jefe nunca se equivoca… hasta que se equivoca. En ese caso pongan la memoria y la mente en blanco y guarden silencio. El silencio de los «inocentes».
JAVIER CASTELLON



