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jueves, junio 11, 2026

Se dice que: “Es volver a vivir”

El haber ido a participar a unos juegos nacionales representando a Nayarit era de alto sentir.

Tepic.- Años 60s, el fútbol corriendo a plenitud por nuestro organismo, el haber ido a participar a unos juegos nacionales representando a Nayarit era de alto sentir, recuerdo que en el campo militar #1 nos dieron hospedaje, dormíamos en la barraca “las palomas”.

Cinco camas quedaban vacías de la delegación cora, ahí fueron acomodados otros tantos integrantes de la selección de Quintana Roo, y ahí sintieron también el rigor cora-huichol-tepehuano-mexicanero, y es que de la cena en que nos daban don bolillos, uno se iba al seno.

A las 09:00 de la noche el clarín tocaba “silencio”. Se ausentaba el bullicio y muchas de las luces se apagaban, era el momento de entrar en acción malandrina, los birotes volaban hacia las humanidades ajenas a nuestra delegación.

Se escuchaba la clásica onomatopeya de ¡bofo!, bueno, hasta el guardia que le tocaba estar ahí “de punto”, persignado y exorcizado desde endenantes, sufría de las dianas y las risas apagadas bajo las mantas, los de Quintana solo decían: “estés”, “estés”, jijiji.

La carrilla seguía, esa llamada hoy “buying” luego del almuerzo en los baños del cuartel, bueno, ese día, segundo de nuestra estancia en campo militar, nos subieron a los camiones que partieron a buena velocidad hasta el lugar de la inauguración de esos juegos nacionales infantiles y juveniles.

Nos descargaron afuera del estadio de la UNAM, impresionante, la gente caminaba de aquí para allá y otras en viceversa, una cosa, no nos habían dado uniforme, de pronto llegó una camioneta y de ella alguien bajó algunos cartones, y, órale, playera roja con el logo Nay y short blanco, los porteros sudadera blanca y azul, me tocó esta, caminamos luego por un túnel, largo, iluminado artificialmente.

La fila de equipos de los diferentes estados era larga, se los iba tragando una escalera, por ahí subían, nos llegó el turno y de pronto salimos al empastado del estadio puma, la luz de febo nos pegó inclemente en la cara, el graderío al tope.

Bullicio enorme, aplastante, gritos y globos llenaban el espacio, eso era demasiado, al menos para quien esto mal escribe, me di la media vuelta pensando: “ya me quiero ir palacasa”, cosa que impidieron mis compañeros de cuadro, al rato todo era como un sueño, no cualquiera porque este fue inolvidable.

Le ganamos en ese campeonato nacional a Quintana Roo y a Coahuila, pero perdimos con San Luís 2-1 y hasta ahí llegamos, eran tiempos en que las lágrimas eran signo del dolor de la derrota, en fin.

El azar, y el cariño hacia mi familia en Guadalajara me hizo ir para con ellos y estuve ahí unos meses, mi tío Luís Moreno era entrenador de “fuerzas inferiores” así llamadas en esos tiempos, en el Club Guadalajara, se les decía “deles” y junto a Mario Arrona y Vega, se encargaban de la chamacada.

Ahí estuve unos meses jugando y conociendo a las estrellas de la primera división que entrenaban por las tardes en la que fue la cancha “Anastacio Macías “Tolán”, todo ese inmueble ya desparecido, estaba en “Colomos”.

¡Cuántas cosas buenas la vida me regaló!, Los recuerdos ahí están, en muchas mentes permaneciendo inertes, esperando que nosotros mismos les resucitemos con una mirada luminosa de nostalgia, con una sonrisa evocadora, muchas gracias vida, infinitas mágico fútbol.

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