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martes, mayo 26, 2026

SE CAMBIÓ LA PASIÓN DEL BÉISBOL POR LA DIVERSIÓN

Hoy puedo asegurarles que más del 50 por ciento del público asistente no sabe de béisbol y tampoco les duele si pierde el equipo local.

Tepic.- Esta vista del Estadio Tomateros es para disfrutarse durante cada juego en la LMP. Afortunadamente mis hijos pueden darse ese lujo con toda la parafernalia que se vive en el parque. Yo de niño no tuve ese privilegio, por allá a principios de los 80’s en Culiacán.

Mi padre solo nos llevó a unos juegos en 1984 y por ser de muy escasos recursos –aparte de familia numerosa, ya no pudo comprarnos boletos (en esa época era el viejo Estadio ‘Gral Ángel Flores’, con aforo para 7 mil aficionados y no 20 mil como ahora).

¡Pero entonces se me ocurrió una idea genial a mis escasos 9 años!

Por el lado derecho, al ras del exterior del estadio, había un árbol que, al ascenderlo, ya estabas en el techo de unos locales de comida frente al edificio del Seguro Social y justamente detrás de la barda del jardín derecho.

Eso se convirtió en un ritual durante varios años. Salía de mi casa junto con un primo y caminábamos kilómetro y medio para llegar al estadio, subir por el árbol y sentarnos en unas cubetas (cuando en México de niño te dejaban andar en las calles de noche y no pasaba nada).

Así con todas las carencias –de tener que regresarse a pie a las 11 p.m–, ni se imaginan cuánto disfrutamos los juegos y más con la adrenalina que nos descubrieran.

¡En los 80’s se jugaba un beisbol auténtico! Sin pantallas gigantes como ahora, sin música estridente, sin mascotas, ni porristas en el terreno.

Se escuchaba natural el contacto del bate con la pelota y los gritos de la fanaticada al gran jonronero de los Tomateros, Nelson Barrera, acompañado en el lineup por Dereck Bryant y Lorenzo Bundy (así como el «ya sácalo Paquín», para exigirle al popular manager que cambiara de pitcher).

Hoy puedo asegurarles que más del 50 por ciento del público asistente no sabe de béisbol y tampoco les duele si pierde el equipo local –sucede en todos los estadios de México–, como en mi niñez que llegué a llorar varias eliminaciones.

¡No me malinterpreten! Estoy a favor de la evolución del deporte, de la tecnología y del espectáculo (todo se volvió negocio), pero disfruté más del béisbol viéndolo detrás de la barda en una cubeta que ahora en un palco en la parte central.

¿Y qué fue del inolvidable árbol?

El club Tomateros tuvo que tumbarlo durante la primera remodelación del estadio en 1994.

En 1997 ingresé al periodismo deportivo y desde entonces cubro el beisbol.

En el año 2015, cuando se dio esta transformación al nuevo estadio Tomateros en los mismos terrenos, le conté esta anécdota del árbol al dueño del equipo, Juan Manuel Ley López (QEPD).

«Vi los juegos durante años en el estadio y sin pagar un peso», le comenté.

Ley López soltó una carcajada y nos reímos juntos de esas travesuras.

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