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viernes, septiembre 11, 2026

Negocios y cacicazgos deportivos

En el fútbol, béisbol y softbol.

Tepic.- La marcha convocada por la Asociación de Fútbol del Estado de Nayarit (AFEN) en respaldo al nuevo estadio de fútbol no es un acto espontáneo de amor al deporte. Es una estrategia bien medida, encabezada por un personaje que ha tejido durante más de tres décadas una red de intereses más económicos que deportivos: el que se dice ingeniero, sin serlo, Antonio Huizar, presidente de la AFEN desde hace más de treinta años, de 1994 a la fecha.

Huizar no ha sido precisamente un promotor del desarrollo futbolístico en la entidad. Su prioridad ha sido otra: el dinero. El abandono de las ligas infantiles y el auge de la categoría Primera División Amateur, donde la venta de cerveza es parte del modelo de negocio, dejan claro que el balón ha quedado en segundo plano. No se trata de formar talentos ni fortalecer el tejido deportivo, sino de capitalizar la pasión por el fútbol.

Este entramado se extiende también a la operación de espacios públicos. La Unidad Deportiva “AFEN”, en Villas de La Cantera, fue originalmente pensada como un espacio comunitario con escuela, iglesia y parque. Pero terminó en manos de la AFEN, gracias a una concesión otorgada en 2004 y aunque el actual gobierno estatal retiró la concesión, pronto negociaron su regreso. Hoy, el lugar sigue operando sin un control claro y con prácticas como la venta de alcohol indiscriminadamente y fue conocida como la cantina más grande de Nayarit siendo causa para que le retiraran la bendición durante los partidos, aun cuando la ley lo prohíbe.

Ahora, la AFEN aparece como promotora de un nuevo estadio, disfrazando intereses privados bajo la bandera del bien común. La narrativa es predecible: desarrollo, empleo, impulso al deporte. Pero en el fondo, se trata de lo mismo de siempre: estructuras opacas que favorecen a los mismos de siempre llamados vulgarmente mafiosos deportivos.

Este fenómeno no se limita al fútbol. En el béisbol y en el softbol, el nombre de Luis Alberto Acebo Gutiérrez también pesa al tener treinta años, como Porfirio Díaz. Dueño de la liga de softbol en el campo Santa Teresita, cobra inscripciones, ampayeo, y hasta obliga a comprarle las pelotas para poder jugar. No permite el uso del espacio a otras categorías ni a selecciones infantiles. Se calcula que sus ganancias mensuales rondan los 70 mil pesos. Otro cacicazgo, otro ejemplo del uso del deporte como negocio personal del cual, no paga impuestos, una rata que vivió siempre al amparo de los liberatos desde la Sección XX del SNTE y con ese estilo se filtró al béisbol infantil, lo intentó en el basquetbol, solo que ahí, con tanta grilla y patadas debajo de la mesa, rapidito puso pies en peteneras.

Mientras los verdaderos deportistas —niños, jóvenes, entrenadores comprometidos— carecen de recursos, espacios y apoyo, quienes deberían promover el juego limpio son los primeros en ensuciarlo. El deporte nayarita está capturado por intereses particulares que, lejos de democratizarlo, lo han convertido en un feudo.

Por eso, cuando se vea a ciertos sectores marchando por el estadio, conviene preguntarse: ¿a quién representan? ¿Al deporte… o al negocio?

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