Basta de paños tibios y de aplaudidores ciegos…
Por Miguel Curiel Aguilar
Tepic.- En el béisbol mexicano nos hemos acostumbrado a solapar actitudes tóxicas solo porque vienen acompañadas de trofeos, pero hay que decir las cosas como son: Benjamín Gil es un talento desperdiciado por su propia soberbia.
Aquí están los pecados capitales que tienen al «Matador» convertido en una figura tan ganadora como detestable, y que son el muro que le impide trascender de verdad:
1. Un patán con micrófono. Que no nos vendan el cuento del «carácter fuerte». Ser grosero con la prensa no es tener carácter, es falta de educación. Benji tiene la piel más delgada de la liga; le encanta el elogio, pero ante el mínimo cuestionamiento, reacciona con una agresividad arrabalera, de cantina.
2. La boconería no es estrategia Hay una diferencia abismal entre motivar a tu equipo y escupirle al rival. Benji cruza esa línea siempre. Menospreciar al oponente para «encender» a los tuyos es un recurso barato, propio de quien se siente inseguro. Un verdadero líder respeta el juego.
3. La vergüenza con Albert Pujols. Faltarle el respeto a una leyenda viviente y futuro Salón de la Fama, demostró su verdadera estatura moral. Quiso hacerse el gigante pisoteando a un inmortal y terminó exhibiéndose como un pequeño adefesio.
4. Campeón de pueblo, pero fracaso internacional Duelale a quien le duela. Los números son fríos. En torneos internacionales, donde la táctica y la frialdad mental pesan más que el show, no ha ganado nada importante.
5. Mánager de chequera. Es muy fácil ser un genio cuando manejas un Ferrari. El gran reto de Benji sigue siendo tomar un equipo limitado, un «vochito», y hacerlo competir. Hasta ahora, solo ha demostrado que sabe ganar cuando tiene la nómina más gorda y el roster más profundo.
6. El eterno inmaduro Este es el clavo final en su ataúd profesional. Pasan los años y seguimos viendo al mismo Benji visceral, berrinchudo y explosivo que jugaba al shortstop. No ha madurado nada.
CONCLUSIÓN:
Benji puede tener todo el talento táctico del mundo, pero mientras cargue con este costal de inmadurez y soberbia, jamás pisará un dugout de Grandes Ligas como mánager.



