Eso es lo que está en juego: continuar transformando la realidad del estado, o regresar a un estado de cosas que solamente beneficiaba a los más oportunistas.
Nayarit, sin clase política
La disyuntiva de 2017: el avance o el retroceso
Por Ernesto Acero C.
La historia de Nayarit se ha transformado, aunque no al ritmo ni en el sentido y dirección que sería deseable. El futuro está en manos de personas, no de siglas, no de acrónimos. No es sencillo lograr esos cambios que desea la población, a los que aspiran tanto “los de arriba” como “los de abajo”. Esa historia, al menos durante casi todo el siglo XX, fue de atonía o de franca involución. El siglo finalizó con un fuerte golpe a la lógica de las inercias, en 1999. Luego vino una Etapa Cleptocrática y de Irresponsabilidad que privatizó mediante el fraude descomunal, gran parte de la riqueza nayarita. Este fenómeno apenas logró frenarse y revertirse con enormes dificultades. Vino finalmente un gobierno que ha procurado revertir el subdesarrollo y que ha fortalecido las columnas de los valores políticos y democráticos en el gobierno de Miguel Ángel Navarro.
Durante el siglo XX, el estado de Nayarit no logró consolidar instituciones políticas; me refiero a partidos políticos. El caldo de cultivo para que se genere una clase política, son los partidos. Sin partidos políticos no hay clase política. Lo anterior no es óbice para que veamos figuras políticas de cualidades excepcionales: podríamos mencionar los nombres de personas, sin que importe sexo o el género.
Las personas que suelen ir a las casillas electorales a emitir su voto para elegir representantes, saben lo anterior. Por eso los votantes eligen por unas siglas una vez y la siguiente ocasión pueden hacerlo por otras, siguiendo a la persona que les pide su voto. La gente suele votar por las personas, no por las siglas. De eso también tenemos ejemplos.
Ahora estamos muy cerca de los tiempos en los que se ratificará la voluntad transformadora de la mayoría. Quienes busquen suceder en la titularidad del Poder Ejecutivo estatal al doctor Navarro Quintero, deberán comprometerse a continuar en la línea del cambio profundo. Al estado le fue mal durante casi todo el siglo XX, en buena medida debido a malos gobernantes. Esa es la razón por la que Nayarit está cerca de la disyuntiva de la continuidad o el retroceso.
El futuro cercano no se manifestará como una batalla campal entre siglas. La batalla será de posiciones personales, de liderazgos con sólidos cimientos morales e ideológicos. No es una disyuntiva sencilla, pues lo que está en juego es la consolidación de una nueva etapa de la historia local, que podría expresarse en mejores niveles de desarrollo humano para todos. Lo que está en juego es el avance o el retroceso.
Ni el avance ni el retroceso están encadenados inexorablemente a las siglas. Toda esa dinámica se vincula estrechamente con las historias personales, con los protagonistas de la esfera pública. Se hace necesario insistir y ahora con mayor razón, que (al menos) en Nayarit no existe una clase política porque sencillamente no existen los partidos políticos, que deberían contener el caldo de cultivo para el desarrollo de esa clase política a la que me refiero. Por eso, lo que debería ser un partido no se reduce a unas siglas, papel membretado y procesos legaloides para postular “candidatos” o “dirigentes”.
Los nombres de figuras políticas de alta calidad se asocian a las siglas. A todas las siglas. Cuando se habla de PRI, se habla de personajes conservadores, retrógradas, pero también de personajes con posturas progresistas, con planteamientos verdaderamente radicales y hasta de izquierda. Cuando se habla de PAN, se pueden rescatar los nombres de los guardianes de las mejores tradiciones democráticas como Ceferino Ramos o de Miguel Dibildox. Una de las iniciativas para reducir de 48 a 40 horas la jornada semanal de trabajo, fue promovida e impulsada por Ramón Cambero, de ese mismo origen siglario.
Es lo miso que aplica en el caso de los acrónimos como el PVEM, PT, Morena, etcétera. Numerosas personas representan la posibilidad de que Nayarit se consolide en la ruta de los cambios que favorezcan la calidad de vida de la gente, de todas las personas, de empresarios, de trabajadores del campo y de la ciudad, de todos. Cualquiera de nosotros podemos recordar los nombres de numerosas personas que durante su vida han mostrado vocación de servicio, voluntad política, convicciones democráticas. Esa es la razón por la que en 1999 don Toño Echevarría gana las elecciones para la gubernatura del estado, no obstante que apenas meses antes había salido de las filas del PRI. Lo mismo aplica al actual Gobernador Navarro Quintero, que también hizo campaña con las mismas siglas.
Ahora, lo que está en juego es la consolidación de las políticas públicas que abonan a la justicia social. El próximo año, 2027, se realizan elecciones locales que concurren con la elección de diputados federales y probablemente con la elección judicial. Eso es lo que está en juego: continuar transformando la realidad del estado, o regresar a un estado de cosas que solamente beneficiaba a los más oportunistas.
El estado de Nayarit se cimbró en su vida pública con el resultado de las elecciones de 1999. No fue sencillo procesar algunos cambios y, lo peor de todo, es que a los avances siguieron profundos retrocesos que pusieron en jaque a las finanzas públicas y a los bienes, al patrimonio de los nayaritas. El patrimonio de los nayaritas empieza a ser recuperado y las finanzas públicas se han consolidado con esfuerzos y sacrificios.
Para robustecer las finanzas públicas se requiere transformar la estructura productiva del estado, se requiere cambiar radicalmente el modelo económico. Para avanzar en ese orden de ideas es necesario cumplir con dos condiciones al menos. Primero, que las siglas sepan postular a sus mejores cuadros, a quienes puedan abonar al avance democrático y social del estado. Segundo, que quienes asuman las responsabilidades del mandato popular, sepan estar a la altura para avanzar y no para retroceder.
El estado de cosas que habrá de entregar el mandatario estatal Navarro Quintero, son complejos y complicados. No son retos imposibles de superar. No obstante, la formación ideológica, la trayectoria política y la cercanía con la gente, serán variables definitorias en las urnas electorales. Lo que nos queda claro es la disyuntiva a la que se enfrentaran los nayaritas en 2017: Avance o Retroceso.



