Al descender los niños en los niveles de preescolar y primaria, se deduce que han descendido los padres que antaño engendraban hijos sin conciencia de las consecuencias.
LA SERPENTINA
POR GUILLERMO AGUIRRE
Paternidad responsable
** Al descender los niños en los niveles de preescolar y primaria, se deduce que han descendido los padres que antaño engendraban hijos sin conciencia de las consecuencias.
A propósito del Día del Padre celebrado este domingo, me causa sorpresa ver la decisión de cientos de jóvenes, casados y solteros debo decirlo, que han definido ya su vida futura en cuanto al tema de ser padres.
En el pasado mes de mayo en este mismo espacio, comenté un dato un poco curioso en donde la jefa de educación inicial y preescolar del estado de Nayarit, (SEPEN), MARIA GUADALUPE VELAZQUEZ FRANCO, señalaba que este año se había dado una disminución en las preinscripciones a preescolar de hasta un 30 por ciento en promedio.
Claro que ustedes deducen que, si un 30 por ciento del promedio que hace algunos años, llenaba las aulas de educación preescolar, y este año provocarán salones vacíos, dejaron de inscribirse, es porque ese 30 por ciento menos, son muchachos que decidieron ya no tener hijos.
Y cuando muchachos, y no digo muchachas, es porque aunque suene muy machista, los hijos son engendrados por los hombres, ya el paso siguiente que consiste en que encuentren a una mujer que permita que la preñen o la fecunden, es otro boleto, pero por lo pronto, el fenómeno que hemos visto tanto ustedes como yo, son la proporción de uno a cien entre madres solteras y padres solteros, esto es que puede haber mucha fecundación de un solo padre, a diferentes madres, y es en este punto en donde debemos detenernos, pues lo repito, puede haber muchas maneras de hacerse de un hijo, desde la adopción, la fecundación in vitro, la compra de un niño, incluso el robo de algún pequeño para tenerlo como hijo, pero el origen único de todo esto, es sin duda el acto de la fecundación o procreación humana.
Y es a ese acto al que me refiero en este comentario, al acto de decidir en forma voluntaria y consciente nunca ser padre de un ser humano, nunca engendrar a alguien que lleve nuestra sangre.
Es evidente que la disminución en las preinscripciones de preescolar y de los primeros años de primaria, nos llevan a la conclusión de que nuestros muchachos ya no tienen hijos, cuando menos un promedio del 30 por ciento de los hijos que hasta hace apenas unos pocos años, si seguían llegando a las escuelas.
Por supuesto que conozco a jóvenes y otros no tan jóvenes, que decidieron no tener hijos, y debe quedar claro que no siempre es por la situación económica que algunos de ellos avizoran, de ninguna manera, son muchos factores aunados a la economía lo que ha hecho que algunos muchachos en edad fértil hayan tomado la decisión de no dejar descendencia.
En algunos casos le llaman valentía y en otra cobardía, pero seguramente a la hora de criticar a nuestros descendientes que, a su vez, decidieron cerrar la descendencia con la muerte de ellos, se deben de juzgar varios factores.
Un factor muy determinante es el que nuestros muchachos se han acostumbrado a la buena vida, esto de la buena vida, no considerando que sean ricos, o tengan todas las comodidades que el dinero pudiera otorgar, sino al simple hecho de vivir sin la preocupación de tener la responsabilidad de un nuevo ser, y aquí pudiera estar el meollo de todo el asunto, deberíamos más bien de considerar como muy responsables a aquellos hombres que deciden que no van a cuidar a hijos porque realmente son responsables, es decir, no están pensando en que pudieran engendrar un nuevo ser y dejarlo bajo la responsabilidad de la madre o de alguien más, sean los abuelos, los tíos, el padrastro, y ellos abandonarlo.
Estos hombres, solo hombres debo repetirlo, que hicieron una decisión de vida para no engendrar nuevos seres humanos que viniera al mundo, y luego ver de qué manera los sacaban adelante, optaron por la realidad, no dejar cargas a una madre que a veces es tan vulnerable en lo económico como ellos, y termina eventualmente dejando al crío en manos de la madre de ella, o sea de la abuela del nuevo nacido, para empezar la cadena de frustraciones y a veces sufrimiento.
Porque, aunque suene muy repetida la expresión, pero en efecto, traer nuevos seres al mundo es sumamente sencillo, un acostón, una noche de fiesta, una noche de copas como dice la canción, una escapada a una montaña, una visita a la casa de una amiga que por coincidencia ese día está sola, y otras muchas situaciones, que permiten que, en un solo evento sexual, se dé la fecundación, y listo, ya tenemos otra vida en ciernes.
Pero antaño el tener hijos a diestra y siniestra, era la manera equivocada de demostrar el machismo, hoy sabemos que miles de muchachos solteros, saben que eso de tener muchos hijos, pero, además, el no mantenerlos, no es de ninguna manera la mejor muestra de una gran hombría, sino de una gran cobardía.
Y así llegamos a nuestra época, en donde los muchachos tienen mejores ocupaciones, tienen tiempos de ocio que les gusta disfrutar sin la carga del tiempo que tendrían que invertir para llevar al niño a la escuela, al doctor cuando se enferma, al parque porque quiere divertirse, a la tienda a comprarle ropa en abonos, o simplemente acompañarlo en sus momentos de fiestas, de visita a lugares donde quiere ir, etcétera.
Y es que como les dije, había otro camino, el camino de la indolencia, para no llamarle valemadrismo, en donde un hombre cualquiera puede decidir engendrar, pero no cuidar, y entonces seguiríamos en el México de las películas de Jorge Negrete, las películas del rancho grande, en donde la vida gira en torno a fiestas pueblerinas, peleas de borrachos, y peones de hacienda explotados…pero como la civilización avanzó, por lo visto esta tendencia de que habrá menos padres, seguirá…hasta mañana



