¡México es una tormenta!

Un pletórico primer tiempo le basto al ‘Tri’ para derrotar a un inoperante Ecuador. Quiñones y Raúl Jiménez envían a México al ‘quinto partido’. Mora volvió a deslumbrar.

¿Y si sí? ya es más que el nuevo lema nacional en México. Es una forma de explicar la perenne esperanza que caracteriza a este país. Es una realidad. Porque ahora todo parece posible en la tierra que hace verosímil el surrealismo. ‘El Tri’ resolvió con prestancia un partido que se antojaba mucho más nivelado en su Estadio Azteca, una catedral inexpugnable, un coliseo inigualable, donde jamás ha perdido en Mundiales y donde no parece que lo vaya a hacer. Una hora esperó la Selección a que amainara la tormenta eléctrica para que se convirtiera en una y se llevara por delante a la Ecuador de Beccacece. El domingo tendrá una nueva cita, la más importante de su historia, donde antes estuvieron Lineker, Maradona o Shilton. ‘El Tri’, sólo uno.

México fue una tormenta inclemente los primeros compases. Sinfonía de pases, por derecha, por izquierda, para atrás y para adelante; Romo y Mora hiperactivos por el flanco derecho, indescifrables para Angulo e Hincapié. Mora probó pólvora antes de Romo, que tenía mejores opciones para descargar su pie derecho. Después, activó Morita a Romo, el artístico dúo que gobierna al ‘Tri’; se desató el mediocampista de las Chivas sin compañía y Raúl Jiménez, a segundo poste, voló como van Persie en Salvador, cabeza firme hacia el hiperespacio, pero sin su contundencia. Vite, cuya casa está a escasos cinco kilómetros en Ciudad Universitaria, entendió que, para que Ecuador sobreviviera el vendaval, necesitaba respirar. Con la pelota en sus pies, con Hincapié más abierto por la orilla izquierda, ‘La Tri’ resopló. Tenía otros planes Gilberto Mora, el prodigio imberbe, que buscó la escuadra de Galíndez con su pie derecho de seda. La pelota no dobló, pero arrancó suspiros por todo el país. 17 años y el mundo a sus pies.

Ecuador levó anclas y Angulo encontró a Yeboah, gondolero veneciano, que venció en el cuerpo a cuerpo a Montes y le clavó las uñas al balón. Rangel atajó con apuro. Había logrado Beccacece bajar los decibeles del ‘Tri’, aunque el gusto le duró poco. Fue hasta que la picó Alvarado, el maestro titiritero, escorado en la izquierda, a la altura del medio campo, sabedor de que Franco no estaba en posición y Caicedo engullía un bolón de verde muy lejos de sus dominios. Quiñones despegó, planeó a placer sobre la llanura, atareó a Pacho con la pelota cocida al botín derecho y rompió a Galíndez con un sablazo incontestable. El colombiano que nadie quería en la Selección Mexicana. El segundo máximo goleador ‘tricolor’ en Mundiales. El octavo grito de 150 millones de personas.

Los de Aguirre querían hacer sangre; Ecuador se había desvanecido. Entonces, Ordóñez, más perdido que un explorador novato en las Galápagos, entregó un intento de despegue a Raúl Jiménez; ‘El Lobo’ metió la pierna con más potencia que Caicedo, intercambió con Quiñones y colocó la redonda en la alacena superior de Galíndez. Santa Úrsula era zona sísmica. Al filo del descanso, Yeboah desestabilizó a Gallardo con dos amagues de zurda y Rangel se prodigó para negar al único ecuatoriano que llevaba luz y brújula.

México administra la ventaja

Alvarado, que juega los mejores partidos de su carrera, cayó presa del momentum e intentó colgar la pelota lejos de Galíndez con un picotazo fino. Luego, ‘El Tri’ invitó a su terruño a Ecuador y basculó ante las estériles posiciones laterales de la visita. Para suerte de Hincapié, Mora, que lo había llevado hasta la locura, se despidió ante una ovación atronadora mientras ‘La Tri’ ensanchó la cancha, pero sin alterar a Rangel. En el polo opuesto, dos cabezazos de Montes, una potencia aérea superior a los todopoderosos Pacho e Hincapié, casi asestan el nocaut definitivo. Cuando más inofensivo lucía Ecuador, Kevin Rodríguez acunó con el pecho un balón imposible en las narices de Rangel, pero el guardameta mexicano soportó estoico el remate y el durísimo trajín físico posterior. Ochoa se puso los guantes, pero no fue necesario requerir sus milagrosos servicios. ‘El Tala’, portería invicta todavía, le ha aprendido bien.

México no vio necesario forzar la máquina, lo único que podría reprochársele a Aguirre, pero los Mundiales también se tratan de administrar. No le sobró nada al ‘Tri’ al final, pero nadie recordará eso. Llovieron balones sobre el área de Rangel con cierto drama, porque los antecedentes mexicanos invitan a la suspicacia. Nunca se sabe. El impacto de Orbelín zumbó el travesaño e Hincapié tomó sus maletas de regreso a Ecuador con anticipación por taparse la boca para insultar, presumiblemente, a Giménez. La valerosa Ecuador que había sobrevivido a Alemania no sobrevivió al Azteca. México no dormirá tras la tormenta. Yo que fui tormenta, bien cantó José José.

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