Los ataques del viernes 13 en la capital francesa, han sido condenados por todo el mundo y se ha difundido la idea de que los franceses son las víctimas y sí, lo son, tan lo son, como lo son ahora los incuantificables muertos, heridos y damnificados por los bombardeos franceses y rusos
Por Ricardo Téllez
En medio de esta guerra de odio que se ha desatado, y una vez pasado el “shock” emocional por el impacto del atentado en París, poco a poco se ha generalizado una pregunta en la conciencia colectiva: ¿Quién tiene la razón? Cualquier conclusión que tienda hacia la clásica postura maniquea de que unos son los buenos y los otros los malos, sería simplista y falsa.
Los ataques del viernes 13 en la capital francesa, han sido condenados por todo el mundo y se ha difundido la idea de que los franceses son las víctimas y sí, lo son, tan lo son, como lo son ahora los incuantificables muertos, heridos y damnificados por los bombardeos franceses y rusos. Sin embargo, el manejo mediático que nosotros recibimos, hay que decirlo, es imparcial. La objetividad es sacrificada en razón de otros “valores” informativos y, en todo esto, los medios de comunicación o informativos tenemos que reconocer un “mea culpa”, porque por atender a esos otros “valores” estamos contribuyendo –involuntariamente- a la difusión de una percepción sesgada de los hechos, o sea, tendenciosa y, por ende, injusta.
¿Por qué el atentando en Francia tuvo mayor cobertura y difusión mediática que, por ejemplo, los permanentes ataques y víctimas que se dan en el medio oriente por la cruenta guerra que enfrentan? Un argumento que ya ha sido muy barajado en distintos medios inicia señalando que para ellos no es que haya personas de primera y personas de segunda, no es que las vidas de unos valgan más que las de otros, sino que se le ha dado más difusión al caso de París por lo que representa Francia para el mundo, pues el país icono de la libertad en el planeta. Este planteamiento suena bonito, es eufemístico, pero esconde tras de sí una verdad inconfesable: porque también mediáticamente atrae más la atención o vende más.
Me explico: existen algunos criterios que prevalecen en el momento de identificar y publicar un hecho noticioso, los cuales son llamados “factores de interés periodístico”, mismos que son tratados por diversos autores. Entre ellos encontramos los que nos proponen Juan Carlos Núñez Bustillos y Sergio René de Dios Corona: actualidad, novedad, trascendencia, magnitud, notoriedad, proximidad, conflicto, progreso, suspenso, hazaña, drama y rareza; y lo que pasó en Francia cumple con más de estos factores que lo que desde hace tiempo pasa en Siria, lo que entonces asegura no solo mayor interés periodístico, sino también mayor audiencia y más venta.
En cuanto a la novedad, dicen que por ejemplo si un perro muerde a un persona no es noticia, al menos no tanto si fuera una persona quien mordiera a un perro, es decir, la novedad tiene que ver con algo nuevo o inusitado, poco común. En este sentido, dadas las permanentes condiciones de conflicto en el medio oriente, un atentado suicida, una bomba o cualquier otro ataque, lamentablemente es algo de todos los días, no así el ataque en Francia.
La trascendencia tiene que ver con las repercusiones que ese hecho tendrá en el corto o mediano plazo. Así, un ataque más en los combates del medio oriente no tendrá un efecto mayor al que cotidianamente se da. En cambio, el ataque Francia sí tuvo repercusiones diferentes a corto plazo.
Por la magnitud, ahora no cabe duda que adquieren una dimensión mayor los hechos de Francia, a cuya causa de venganza se sumaron Rusia, Estados Unidos, Irak e Irán, emprendiendo una serie de ataques cuyo fin no se vislumbra.
La proximidad se refiere no solamente a la cercanía física sino también, a la cercanía afectiva, psicológica y en este tenor, hay más identidad con la cultura francesa que con la musulmana.
Por estas y otras razones, la nota sobre lo acontecido ese viernes 13 en París tiene mayor impacto periodístico y vende más que el reporte de lo que pasa en el día a día de una región en permanente conflicto.
Pero hay otras razones mucho más complejas como las culturales, y es que no podemos negar la influencia que hemos recibido a través de una serie de artefactos culturales (mensajes), a los que hemos estado expuesto durante largo tiempo, en el que se nos han sembrado estereotipos, valores dominantes, esquemas mentales, que terminan por construir (o deformar), una percepción del mundo afín a las industrias culturales, es decir, a la de quienes elaboran esos mensajes. Así, desde pequeños se nos ha difundido la idea de que el capitalismo es bueno y el comunismo malo, de que una religión es mejor que la otra, de que unos son los buenos y los otros los malos. Y ahí tenemos a un Rambo combatiendo musulmanes, o a súper héroes combatiendo a países socialistas.
Pero en el fondo, todos somos iguales. Luego de los ataques en Francia, llovieron escenas del drama en París, lo que generó aún más indignación y encono. Pero en los últimos días, solo por las redes sociales se ha dado una contraofensiva mediática, mostrando lo que los medios no se atreven a informar: las consecuencias de los bombardeos franceses.
En televisión solo nos muestran la escena desde el radar del avión cuando lanzan una bomba y nos hacen creer que sus ataques se hacen con “precisión quirúrgica” sobre puntos estratégicos de los enemigos. Nunca nos dicen si hubo o no daños “colaterales”, es decir, población civil entre las víctimas, mucho menos son capaces de demostrarlo con imágenes. Suponemos que las hay, pero no nos las quieren mostrar.
Estoy convencido que cuando hay este tipo de acontecimientos no hay ganadores ni perdedores, solo niveles de pérdidas. Por desgracia, pocos son los que se atreven a cuestionar. El sufrimiento de unos, independientemente de su nacionalidad, credo o religión, debiera ser, el dolor de todos.
Imagen tomada de DiarioUChile: http://www.radio.uchile.cl



