El inusitado caso de la investigación judicial en contra del ahora ex subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, Arturo Escobar y Vega, ha venido a abonar al estado de animadversión de la sociedad civil hacia la clase política, la cual concibe a la misma como sinónimo de corrupción
Por Ricardo Téllez
El inusitado caso del ahora ex subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, Arturo Escobar y Vega, ha venido a abonar al estado de animadversión de la sociedad civil hacia la clase política. Y digo que es inusitado, no tanto porque se trate de la primera vez que un funcionario se ve involucrado en investigaciones judiciales, sino por el manejo que se le dio al asunto, el cual no es común.
No es común que, por ejemplo, que la Procuraduría General de la República (PGR) dé a conocer que se ha consignado una averiguación previa contra un servidor público de alto nivel, estando éste aún en funciones, tal y como lo adelantó primeramente el titular de la Fiscalía Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), Santiago Nieto Castillo, y luego lo confirmara la dependencia la noche del pasado miércoles 25 de noviembre en un comunicado donde –sin precisar que se trata de Escobar- alude hacia su persona: “Se consignó la averiguación previa relacionada con presuntos delitos electorales cometidos por un dirigente de un partido político y empresarios por las aportaciones en dinero y en especie cuando existe prohibición legal para ello, contemplado en el artículo 15 de la Ley General en Materia de Delitos Electorales. Así como por el diverso contemplado en el artículo 7 fracción XXI, relativo a proveedores no autorizados por la autoridad administrativa. En términos de lo dispuesto por el artículo 142, párrafo segundo, del Código Federal de Procedimientos Penales, el juez tiene diez días, contados a partir de la radicación del expediente, para ordenar o negar la orden de aprehensión”.
Aumenta la extrañeza también por el hecho de que aun cuando todavía no había sido notificado –como él mismo lo reconoció- minutos antes de que se diera a conocer el comunicado de la PGR, Arturo Escobar haya presentado su renuncia al cargo que ostentaba, mediante una carta escueta donde señala: “Por este medio me permito informar que el día de hoy he notificado a la Secretaría de Gobernación la decisión de separarme del cargo que venía desempeñando.
“Lo anterior es con el objetivo de facilitar el adecuado curso de las investigaciones, y de contribuir a que el proceso se conduzca con absoluta transparencia. Esto no obstante que hasta el momento no he sido requerido por ninguna autoridad judicial.
“Rechazo las imputaciones en mi contra y expreso mi plena confianza en que se esclarecerán los hechos y se confirmará mi inocencia”.
Aunque no resulta novedosa la probable responsabilidad en delitos electorales de Arturo Escobar, hombre cercano al dueño del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), porque es algo de lo que se le ha acusado desde tiempo atrás, aun antes de que fuera nombrado subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Segob, sí viene a engordarle el caldo a quienes perciben y califican a la clase política como sinónimo de corruptos.
Recordemos por ejemplo el estudio que realizó los pasados días 17 y 18 de septiembre, el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) denominado “Democracia en México”.
En dicha investigación, el GCE recabó las respuestas espontáneas en una encuesta aplicada a una muestra de 600 personas, distribuidas en los 31 estados y el Distrito Federal.
En el ítem de: “Dígame, cuando escucha la expresión ‘partidos políticos’, ¿qué es lo primero que se le viene a la mente?”, los resultados arrojaron que al 81% de los encuestados solo se les ocurrió responder cosas negativas, estando en primer lugar la idea de corrupción y fraude (23.4%), seguido de percepciones como robo o rateros (8%), no cumplen o no hacen nada (6.7%), todos son iguales (5.4%) y mentiras (4.6%), entre otras respuestas.
A la pregunta sobre cuál consideran que es el principal defecto de los políticos de México, el 26.2% respondió espontáneamente que es la corrupción; 20.2%, que no cumplen lo que prometen; 9%, que no hacen su trabajo o son flojos; 6.6%, que solo ven por sus propios intereses o beneficios; 6.5% dijo que son ambiciosos o avaros; 5.2% respondió que son deshonestos o mentirosos; 4.4%, que son rateros; 4.3%, que no atienden ni ayudan a la ciudadanía; 2.2% argumentó que son incapaces o no saben, entre las respuestas más significativas.
Al momento de pedirle a la gente calificar el trabajo de los políticos mexicanos, el 85.6% en global no tiene buena opinión de su trabajo, incluso el 49.6% -casi la mitad de los encuestados- calificó como pésimo el desempeño; solo dieron una opinión favorable el 11.8% de la muestra.
Otros resultados interesantes del levantamiento indican que el 57.3% de los encuestados consideran que ningún partido es cercano a la población; el 45.2% considera que la democracia en nuestro país está estancada, el 35.7% que está retrocediendo y solo un 14% que está avanzando; el 83.1% opina que debe reducirse el número de partidos políticos; el 46.7% que ante las circunstancias actuales, un candidato independiente sí tiene probabilidades para ganar la Presidencia de la República en 2018; el 50.3% muestra interés en los asuntos políticos del país y 47.4% poco o nulo interés.
Hay mucho por hacer para cambiar esta percepción, desde luego tiene que ver con lo que hagan o dejen de hacer quienes se desempeñen en un cargo público y la manera en la que se conduzcan los partidos políticos. También es claro que la corrupción es nuestro principal enemigo a vencer. Lo ideal sería que no se presentaran casos, sería el máximo nivel aspiracional, incluso, utópico, pero aun cuando no se llegue a ese grado, en mucho puede ayudar que al menos se combata la percepción de impunidad, que es la que dicen que marca nuestra diferencia con otros países, es decir, lo que agudiza la sensación de corrupción en México no es que en otras naciones no haya casos de corrupción, también los hay, sino si habiéndolos se castigan o no, y lamentablemente en nuestro país ese es un gran problema: no hay castigo.
Veremos en qué termina el caso del “Güero” Escobar.
Imagen tomada de sdpnoticias: http://www.sdpnoticias.com



