Los pronósticos y previsiones, son de naturaleza contraria a los propósitos, dependen de muchas variables y fuera del alcance de nuestro control. Por lo que cualquiera que plantee como certeza un futuro netamente positivo se equivoca al igual que quien lo haga con una visión puramente negativa.
Por Ricardo Téllez
Algo tiene el inicio de año que a la mayoría de las personas les resulta motivante, quizá porque sea parte de nuestra naturaleza, probablemente porque veamos en él la posibilidad de hacer lo que no hicimos en el pasado o de superar los problemas que no pudimos en el que terminó. Con todo, algo es cierto: hay buenos deseos, pero también incertidumbre.
Como cada año, no solo planteamos propósitos de año lo cual es sano, pero no perdamos de vista que estos deseos dependen de nuestro fuero interior, es decir, los propósitos de año nuevo son metas personales cuya realización depende casi en su totalidad de uno mismo, salvo una que otra variable externa. Pero los pronósticos y previsiones, son de naturaleza contraria a los propósitos, dependen de muchas variables y fuera del alcance de nuestro control. Por lo que cualquiera que plantee como certeza un futuro netamente positivo se equivoca al igual que quien lo haga con una visión puramente negativa.
No obstante, existen ciertos indicios que fundamentan el presuponer una cosa u otra. En esta ocasión no es mi intención plantear escenarios, pero sí apuntar las cosas que más me interesan o preocupan para este 2016.
Abrimos el año con la buena noticia de la baja en los precios de la gasolina. A partir del primero de enero el litro de Magna se vende en 13.16 pesos, la Premium en 13.98 pesos, y el diésel en 13.77 pesos. Lamentablemente creo que no es suficiente para que haya un impacto en los bolsillos de la mayoría de los mexicanos, y no me refiero solo al importe de la reducción que fue de entre 40 a 43 centavos por litro, según el tipo de gasolina; sino además a los controles necesarios que se tienen que establecer. Sirva solo para ilustrar lo que me pasó. Tenía que cargar de combustible mi vehículo el día 31 de diciembre y me esperé al 1 de enero para comparar el costo del servicio. Para mi sorpresa, llenar el tanque de mi unidad en esta ocasión me salió 10 pesos más costoso que lo más caro que me había salido llenarlo con anterioridad. El problema es que no tenemos certeza de que las bombas estén bien calibradas y de que realmente lo que nos surten son de litros de a litro. Y si además en este año se empezará a aplicar la liberación del precio, entonces los mexicanos tenemos que añadir una incertidumbre más: no tendremos certeza de la cantidad que nos despachan ni de si el precio era el mejor del mercado. Y aunque en 2015 se anunció con bombo y platillo el fin de los gasolinazos, algo que fue decidido no en esta administración federal sino desde con Felipe Calderón, en este año sí podremos tenerlos, aunque para no llamarlos gasolinazos, ahora simplemente les dirán “ajustes”. De aquí y hasta finales de 2017, los distribuidores podrán manejar el precio que quieran siempre y cuando no exceda de la banda que cada mes fijará la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), pero a partir del 2018 el sistema de bandas será eliminado en su totalidad para ahora sí dejar en completa libertad a los distribuidores de fijar sus propias tarifas, “libre competencia” le llaman y aunque esto podría preocupar a muchos existe la posibilidad de que el efecto sea el mismo que en el sector de telecomunicaciones, donde a pesar de que seguimos teniendo precios caros en servicios como el de internet (en otros países es un derecho y obligación del Estado otorgarlo y no se cobra), las tarifas ahora son mucho más bajas que en comparación de cuando había mínima o nula competencia.
En lo que sí no debemos de esperar mucho es en la cuestión económica. Seguimos teniendo una economía petrolizada y en este año los precios del crudo son mucho más bajos que aquellos con los que se abrió el 2015, incluso inferiores a los proyectados en el presupuesto 2016, y no hay señales de que esta situación vaya a cambiar, al menos no a tal grado de recuperar niveles anteriores al año pasado, por lo que seguirán los tiempos de “vacas flacas” en los ingresos fiscales del país. La propia Hacienda estima que, a comparación con el año pasado donde de por sí hubo una drástica reducción de ingresos, los ingresos petroleros de México desciendan alrededor de un 30%. Por lo que considero que las autoridades le seguirán apostando a la captación de recursos a través de los cada vez más castigados contribuyentes. Es urgente ampliar la base de contribuyentes para que no sigamos siendo los mismos los que sigamos aportando cada vez más. Y no solo es ampliar la base, sino perfeccionar el sistema para que entre los que ya están en el Registro Federal de Contribuyentes (RFC) haya equidad en el pago de contribuciones. Todavía recuerdo cuando el entonces Presidente Felipe Calderón afirmó que en promedio las grandes empresas de nuestro país solo pagaban impuestos por un equivalente al 1.7% de sus ingresos, gracias a sus estrategias fiscales, mientras que la gran mayoría de contribuyentes cautivos andamos pagando porcentajes superiores al 30%.
Aunque los problemas de seguridad en el país no han sido superados, poco a poco el tema económico ha ido ganando más terreno en la agenda de las preocupaciones. La banca comercial dijo que no subiría sus tasas luego del aumento hecho por el Banco de México en nuestras tasas de referencia, luego de que lo hiciera la FED en Estados Unidos, pero en lo personal dudo mucho que tal afirmación la siga sosteniendo en este año, por lo que estimo que sí podría darse un incremento al menos en los créditos al consumo cuando éstos no hayan sido contratados a tasa fija, por lo que podría haber por ahí un impacto negativo principalmente para los usuarios de las tarjetas de crédito. Esta situación entonces contribuirá a encarecer el dinero, lo que de por sí se da también por efecto de los precios bajos del petróleo y la cotización del dólar, por lo que de la combinación dólar caro-petróleo barato no se pueden esperar muy buenas cosas para nosotros, pues de entrada seguirán habiendo recortes o restricciones presupuestales. A esto se le añade el que especialistas no visualizan un crecimiento para nuestra economía superior al 3% en el Producto Interno Bruto (PIB), cuando lo que requiere el país es crecer en porcentajes de al menos el 6%.
Así las cosas, al país no le queda de otra que seguir recortando el gasto, captando de los contribuyentes y endeudándose. Lo anterior, con todo y que será en este año cuando -ahora sí- comiencen a verse reflejadas las inversiones en el sector energético producto de las licitaciones de los campos petroleros.
A nivel local confío en que la seguridad en el estado continuará y que seguirá la misma dinámica de inversiones en materia turística. Aunque también se espera que el ambiente político se dinamice aún más ante las cada vez más cercanas elecciones de 2017, donde se habrá de elegir al nuevo mandatario estatal.
Y si en el 2015 vimos a varios alcaldes haciendo desde entonces proselitismo político, pues en este 2016, los veremos aún más. Lo que preocupa es si se hace o no con recursos públicos, por lo que desde ya el Órgano de Fiscalización Superior (OFS) debería empezar a revisar bajo lupa todas y cada una de las acciones que están haciendo los munícipes, algunas de ellas tan fastuosas que es evidente la inversión de millonarias cantidades, ¿de dónde sale tanto dinero?



