Por José Guadalupe Rocha Esparza
Templos de dos puertas las llamó el cronista Salvador Novo a las cantinas, antiguas vinaterías, ahora el nicho para el tequila, cerveza, whisky, ron y otras bebidas alcohólicas, incluyendo las botanas, tacos dorados, guisos caseros e incluso cortes finos, incluyendo cacahuates tostados o algún otro bocado para picar, según los paraísos gastronómicos de cada Estado.
En Guadalajara, Jalisco, centenarias cantinas han logrado trascender como lugares de esparcimiento, donde los tragos marcan el ritmo de la comida, e igual platicar, cantar o jugar dominó. La Sin Rival es la más antigua, que prepara desde 1898, yerbabuenas y “Piedras” para bajar los estragos de la juerga, éstas a base de fernet, anís y alcohol que elija el airoso comensal.
La Iberia, surgida en 1904, que aún conserva un antiguo mingitorio, donde surgió la “Batanga”, una combinación de 10 ingredientes, servida con cueritos y torta ahogada. Luego La Fuente, fundada en 1921, donde una entelarañada bicicleta olvidada por un borracho es su ícono. Por último Los Famosos Equipales, de 1920, y sus “Nalgas Alegres”, bebida insignia.



