La administración que encabeza Ayón sufre de una grave crisis de comunicación.
Por Alejandro Almanza Aguilar
Lo que alguna vez fue esperanza, hoy se diluye entre el desencanto y el silencio. La figura de Gustavo Ayón, presidente municipal de Compostela, se desploma estrepitosamente ante los ojos de una ciudadanía que cada vez se muestra más lejana, más crítica y más decepcionada. No se trata de percepciones pasajeras, sino de una desconexión real y dolorosa entre el gobierno y su gente.
La administración que encabeza Ayón sufre de una grave crisis de comunicación. No hay claridad sobre obras, acciones o inversiones. El gobierno parece mudo, ausente, incapaz de transmitir siquiera una señal de rumbo. En política, lo que no se comunica no existe. Y en Compostela, el gobierno municipal se está borrando a sí mismo del mapa.
Es urgente un golpe de timón. Si Gustavo Ayón pretende salvar no solo su administración, sino cualquier aspiración política futura —que hoy parece cada vez más lejana—, debe comenzar por reconocer que algo está saliendo terriblemente mal. Y uno de los puntos más evidentes de esa falla está en el área de Comunicación Social.
Alejandra Romo, actual encargada de esa área, ha demostrado estar lejos de cumplir con el nivel de exigencia que el cargo demanda. Su gestión ha sido pobre, errática y completamente incapaz de generar una narrativa positiva o al menos funcional en torno a Gustavo Ayón. Hoy, el alcalde camina solo en el desierto de la opinión pública, y la imagen que proyecta es de debilidad, lejanía y desinterés.
La imagen dice más que mil palabras. Basta con observar sus eventos públicos: sillas vacías, apatía ciudadana, un líder que ya no convoca, que ya no emociona. Y eso, en política, es una sentencia de muerte.
Te lo digo como periodista, como ciudadano y como amigo, Gustavo: haz cambios ya. No mañana. Hoy. Porque de seguir así, no solo estás perdiendo la confianza de Compostela, estás enterrando cualquier posibilidad de futuro político. Es momento de corregir el rumbo. Y el primer paso es mandar a descansar a quien no ha sabido comunicar tu gobierno.
El tiempo corre. Y el fondo político está peligrosamente cerca.



