Nueva evaluación amplía el cálculo a los 30 años e incorpora a la función renal y salud metabólica.
Por NotiPress
Ciudad de México.- La nueva escala PREVENT cambió la forma de entender el riesgo cardíaco al cuestionar una idea extendida: la edad joven basta para mantener baja la posibilidad de enfermedad cardiovascular. Ese cambio resulta relevante porque el problema no aparece de forma repentina, este se desarrolla durante años, muchas veces sin síntomas, mientras una persona puede seguir considerándose fuera de peligro.
A 13 de abril de 2026, el Hospital Houston Methodist difundió información sobre esta herramienta desarrollada por la Asociación Americana del Corazón. Esto para estimar el riesgo de enfermedad cardiovascular a 10 y 30 años en adultos de entre 30 y 79 años sin antecedentes de enfermedad cardíaca. La escala surgió después de años en los cuales médicos utilizaron la calculadora de riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica para proyectar la probabilidad de infarto o accidente cerebrovascular en la década siguiente.
Ese antecedente da contexto al cambio. La calculadora anterior se basaba en variables como edad, colesterol, presión arterial y tabaquismo, dentro de ecuaciones desarrolladas en 2013. Según la informacion, ese modelo fue valioso, pero con el tiempo mostró limitaciones para reflejar mejor cómo se desarrolla la enfermedad cardiovascular, sobre todo en adultos jóvenes y en personas con diabetes tipo 2 o enfermedad renal.
PREVENT amplía esa lectura con una visión más completa del riesgo. La nueva herramienta incorpora la función renal en la ecuación base, puede afinarse con medidas como la hemoglobina A1c. Tomando en cuenta factores de riesgo social y estima enfermedad cardiovascular total e insuficiencia cardíaca, además de infarto y derrame cerebral. En términos prácticos, la medición deja de concentrarse solo en eventos ateroscleróticos y pasa a considerar un cuadro más amplio de salud cardíaca.
También se sostiene a esa actualización siendo necesaria porque la enfermedad cardíaca no ocurre de forma aislada. El corazón, los riñones, el metabolismo y el sistema vascular están profundamente interconectados, mientras obesidad, diabetes, enfermedad renal crónica y riesgo de insuficiencia cardíaca influyen en la evolución cardiovascular de formas que las herramientas anteriores no lograban captar por completo. Ese es el contexto clínico al explicar por qué la predicción debía evolucionar más allá de marcos construidos en otra etapa y con poblaciones de mayor edad.
El cardiólogo preventivo Khurram Nasir resumió esa lógica al señalar a la enfermedad todavia no empezar cuando aparecen los síntomas. «Las enfermedades cardiovasculares no comienzan cuando aparecen los síntomas, ni a los 60 años«, afirmó. «Se desarrollan gradualmente, a menudo de forma silenciosa, a lo largo de muchos años«. Bajo esa premisa, intervenir antes se vuelve parte central de la prevención cardiovascular, no una medida posterior a la aparición del daño.
Con la nueva escala también se cambia el significado de una cifra aparentemente baja. De acuerdo con Nasir, algunas personas podrían tener un riesgo menor a 10 años frente a calculadoras anteriores, pero otras, especialmente con disfunción renal, enfermedad metabólica o vulnerabilidad a insuficiencia cardíaca, podrían mostrar una carga cardiovascular más amplia, antes quedando subestimada. El ajuste no consiste solo en recalcular con más precisión, sino en medir un problema más amplio y clínicamente más relevante.
Dicho punto pesa más en adultos jóvenes, un grupo soliendo asumir que la edad ofrece protección suficiente. Incluso se advierte que esa idea puede generar una falsa sensación de seguridad cuando ya existen señales de alerta temprana, como un aumento gradual de la presión arterial. «Eso puede generar una falsa sensación de seguridad«, señaló Nasir. «PREVENT ayuda a replantear la conversación al incorporar el riesgo a 30 años y al detectar mejor la vulnerabilidad cardiometabólica y renal temprana«.
Según la información difundida, PREVENT no plantea tratar antes y de forma más agresiva a toda la población. Su objetivo es identificar con mayor anticipación personas adecuadas y ajustar estrategias de prevención frente a presión arterial elevada, colesterol alto, deterioro renal o metabólico y factores perjudiciales. En ese contexto, un riesgo bajo a corto plazo deja de cerrar por completo la discusión cuando la trayectoria cardiovascular puede extenderse durante décadas.



