En 1825, Guadalupe Victoria leyó el primer informe de gobierno y luego de dos siglos y un año, se sigue haciendo de la misma forma, con datos que al ciudadano de a pie, en nada lo conectan
LA SERPENTINA
POR GUILLERMO AGUIRRE
El mismo formato 201 años, después
**En 1825, Guadalupe Victoria leyó el primer informe de gobierno y luego de dos siglos y un año, se sigue haciendo de la misma forma, con datos que al ciudadano de a pie, en nada lo conectan
Hoy se cumplieron 201 años, léalo usted bien, más de dos siglos de que en nuestro noble, sabio y sufrido país, escuchamos el informe del presidente mexicano, o la presidenta en el caso de hoy, en forma leída, para decirlo en forma más sencilla, ya van más de doscientos (201) años, que el presidente de la República tiene que leer un documento, que no es más que un resumen de lo hecho durante un año, al que le va agregando cada año que pasa, los logros del anterior.
Mire usted, el informe de gobierno leído u oral ante el Congreso se realiza desde 1825, y la tradición de que el presidente acuda a leerlo personalmente al recinto legislativo se suspendió en 2007, todo porque había diputados y senadores que a Vicente Fox le decían de todo, tal y como él, años antes, también lo hacía con presidentes que no eran de su partido.
Pero sigamos con la historia y por qué el evento ya suena acartonado; en el año de 1825, o sea, hace 201 años para ser exactos, el primer presidente de México, Guadalupe Victoria, presentó a su vez el primer informe de forma verbal ante el Congreso de la Unión, esto fue el día 1 de enero, obvio, de 1825, cumpliendo con la Constitución de 1824.
Pero 93 años después la Constitución de 1917 estableció de forma definitiva que la fecha de entrega y lectura del informe fuera cada 1 de septiembre, quiero aclarar que solo cambió el día, el formato siguió siendo el mismo, una lectura de lo que siempre dicen que es algo extraordinario, un discurso de ensalzamiento y vámonos, a esperar otro año.
Ahora ustedes se preguntarán en dónde empezó el aburrimiento con este evento que nomás tiene 201 años, en el mismo formato, pues el problema es que, durante décadas, los presidentes acudían a la Cámara de Diputados a leer un largo discurso que era transmitido por cadena nacional en el llamado «Día del presidente». Y si usted tenía la costumbre de escuchar radio, como de hecho sigue siendo una buena costumbre en miles de personas actualmente, pues se tenía que “chutar”, o sea, aguantar las horas que duraba el informe, ya que todas las cadenas de radio y de televisión transmitían el informe del presidente en turno, como ahora ocurre, pero solo cuando se pagan los tiempos las televisoras privadas se unen a las largas transmisiones, pero les estoy hablando de los tiempos en que al siguiente día del informe, o sea mañana, también la prensa escrita se unía a los lauderos que entonaban dulcemente sus alabanzas al importante documento que se había leído un día antes.
¡Ah!, y que no se me olvide decirles que el día primero de septiembre, era descanso obligado por la Ley Federal del Trabajo, que eso sí lo entendía bien el trabajador y los estudiantes que sabían que por ser “día del informe”, no iban a ir a clases y / o a trabajar, en el caso de los empleados.
Pero existen muchos factores que hacen su trabajo en el ciudadano común y corriente, el pueblo de a pie -como le dicen algunos- o el pueblo noble y sabio, no se entusiasme tanto con un informe como lo hace con un partido entre Chivas y América, solo comentaré algunos:
A la gente no le interesan los informes de gobierno porque suelen ser eventos largos de propaganda política que no conectan con sus problemas reales ni ofrecen información transparente, el lenguaje es técnico y aburrido, esto parece ser algo obligado, pues un informe de gobierno, no es una pieza de literatura, ni está escrito para un concurso de novelistas, o de cuentos de ficción, no importa que muchos de sus datos si lo sean.
Por ejemplo, en los informes de gobierno se dan muchos datos enmarcados en porcientos o porcentajes, en kilómetros, en metros cúbicos, en millones, en términos como el llamado PIB o sea el Producto Interno Bruto, y les puedo asegurar que no son miles, sino son millones de mexicanos, los que no comprenden cómo funciona eso del Producto Interno Bruto (PIB) o cómo le afecta el aumento o la disminución de la inversión extranjera en México, esto sólo por citar unas pocas palabras de los largos informes.
Esto significa que los discursos están llenos de términos oficialistas, burocráticos, legales, y cifras confusas, de lo que resumimos que la información no es muy clara para el ciudadano común.
Aún peor amigos y amigas, son términos que no explican cómo esos datos afectan a la vida diaria de la gente cotidiana, es decir, de la gente que a diario le está rascando a sus ingresos para alcanzar a llegar a la siguiente semana o quincena, del vendedor informal que si hoy llueve no podrá salir a vender su fruta, su horchata de coco, sus tunas, el tejuino, los globos, etcétera. Para ese vendedor que ve con tristeza cómo se le va a ir un día sin poder sacar ni siquiera lo que invirtió en el producto que sacó a vender, y que sabe que al día siguiente le batallará para darle de comer y mandar a sus hijos a la escuela, mientras que los que están oyendo en palacio nacional el informe, llegaron en camionetas de uno o dos millones de pesos, ese ciudadano, no entiende la conexión entre datos leídos en un documento lleno de optimismo y su vida diaria.
Finalmente, existe el factor de la duda, la ciudadanía cree que las cifras están maquilladas o exageradas, la falta de castigo a la corrupción aleja a la gente de los discursos oficiales, y mientras las comunicaciones llegaron a las ágiles redes sociales, los informes siguen siendo largas, acartonadas y aburridas transmisiones en radio y televisión…y pues así, ¿cómo?…hasta mañana



