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jueves, junio 25, 2026

Entre una ley mordaza y la manipulación extrema

El fenómeno no se presenta hoy tan solo en el caso de la política electoral. El fenómeno ahora se manifiesta igualmente en campos como el terreno de la cultura y la economía.

Casa del jabonero

Entre una ley mordaza y la manipulación extrema

“En nombre de la tolerancia, tendríamos que reivindicar el derecho a no tolerar a los intolerantes”

Karl Popper

1. Tanto Giovanni Sartori como Karl Popper plantean sus preocupaciones por el papel que hasta hace algunas décadas venía desarrollando la televisión en la sociedad contemporánea, en especial en la esfera política. El panorama que vislumbraba uno y otro no era de lo más halagador, dado el enorme poder que venían concentrando esos medios. Hasta hace un par de décadas, tanto la radio como la TV eran las novedades en materia de medios, que habían desplazado agresivamente a los medios impresos. Hoy la radio y la TV se han topado con su némesis, han sido desplazados por las redes sociales (el submundo de internet).

Sartori aludía al impacto que la publicidad televisada tenía en la competencia electoral. Por una parte, sostenía que el simplismo invadía el terreno del debate político, pues la brevedad de los mensajes televisivos lleva a ello. De lo que se trata en la lógica de la publicidad (en el marketing o mercadotecnia política en una de sus vertientes) es de que se obtengan resultados no convenciendo sino llevando de la mano al consumidor electoral.

Frente a estas circunstancias, se ha propuesto legislar en materia de redes sociales (internet). No obstante, resulta complicado avanzar en propuestas en tal sentido. Esa legislación es necesaria, pero nos recuerda la casa del jabonero, donde el que no cae, resbala. Puede ser muy ingrata y peligros esa tarea.

2. En efecto, la publicidad por televisión llevaba a la conclusión de que da lo mismo vender una pasta de dientes que la figura de un candidato.

La consecuencia fue el encarecimiento de los espacios en televisión, pues esta, sujeta a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, a eso conduce. Esto nos lleva a suponer que la competencia electoral, en un momento dado, la podrán realizar solamente aquellos que tengan el dinero suficiente para “comprar” espacios de televisión.

Pero la mercadotecnia y la ausencia de reglas para controlar los gastos en publicidad, no solamente encarecía la competencia electoral, sino que la envilecía al extremo de que, en efecto, dio lo mismo vender una pasta de dientes que a un candidato. La competencia de las ideas políticas dio paso a la competencia por los espacios en la TV. La política, así se envileció y se encareció enormemente y, al final, en ambos casos, los electores pagaron las consecuencias de ello.

3. Pero el fenómeno no se presenta hoy tan solo en el caso de la política electoral. El fenómeno ahora se manifiesta igualmente en campos como el terreno de la cultura y la economía.

4. En relación al empobrecimiento del contenido televisivo Popper hacía un excelente ejercicio reflexivo. Aludía a las ingentes necesidades que los productores de televisión tienen de “talentos”. Ante la incapacidad para producir cientos (si no miles) de horas de programas de televisión de calidad, se recurría a la producción chatarra de programas televisivos. Esto sin duda repercute de manera inimaginable, pero sí de manera ostensible en los niveles culturales y educativos de la población que se ve sujeta a constantes bombardeos de programas chatarra de televisión. Ejemplos de estos existen de sobra. Esto ahora ocurre con la “producción de contenidos” que, en la lógica descrita por Popper, que no obstante ser basura de 24 kilates, es lo que consumen millones de “internautas”.

5. Los efectos negativos no solamente se expresan en ámbitos aparentemente tan abstractos como los mencionados, la competencia política y en la cultura. También se manifiestan en el delicado terreno de los bolsillos de la población. Muchas personas (millones) consumen influenciados por las redes sociales, así como antes lo hacían influenciados por la radio o la TV.

La publicidad encarece de manera increíble los precios de una mercancía. Si los costos de producción de las mercancías han logrado disminuir sobre la base de nuevos procesos de organización de la producción y del uso intensivo de tecnologías (con lo que el valor de la mercancía ‘disminuye relativamente, pero aumenta en términos absolutos’), durante el ciclo de su realización la publicidad se agrega elevando los precios.

Esto puede resultar inofensivo en el caso de algunos productos. Sin embargo, en los casos de los alimentos, del vestido o la habitación de amplios segmentos poblacionales esto se traduce en dramas cotidianos. No se diga en el caso de las medicinas, que llevan al plano de la tragedia a familias enteras.

6. Ante tal escenario Sartori, lo mismo que Popper sugerían, la regulación el primero y la “licencia para hacer TV” el segundo. Y sin duda es menester que el país y el mundo emprendan jornadas de reflexión de las mayores dimensiones, pues al paso que vamos el Estado mismo puede convertirse en rehén de la “web 2.0”.

De hecho, la clase política se encuentra ante el inminente peligro de desaparecer si los grandes conglomerados económicos se deciden a invertir en el terreno político. Los políticos y las ideas políticas podrían ser fácilmente reemplazados por productos comerciales y de alta rentabilidad electoral.

Es por eso que los representantes de todas las siglas debieran ser los más preocupados y ocupados en tales asuntos. Por razones de Estado, sobre todo en aras de construir una sociedad más democrática o menos imperfecta, se deben imponer límites al mercantilismo que pretende invadir todas las esferas en una lógica qué en un momento dado, carecerá de reversa.

7. La regulación o la asignación de responsabilidades para quién haga uso de las redes sociales, no es nada sencillo. La tentación para silenciar la pluralidad siempre está al acecho.

Actualmente ya existen algunas regulaciones. Ejemplo de ello son los datos personales (Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares). También existe regulación en materia de violencia y delitos digitales al castigar la difusión de contenido íntimo sin consentimiento (Código Penal Federal). Por su parte, la Ley Federal del Derecho de Autor, protege las obras, imágenes y contenidos publicados en internet.

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