Bono, héroe como en Qatar, paró un penalti y Saibari convirtió el decisivo para citar a los Leones del Atlas con Canadá. Un cabezazo de Diop logró llevar el partido a la prórroga en el descuento tras el emotivo gol de Gakpo en el 71′.
Marruecos, que jugó de local por afrentas pasadas entre México y la antes Holanda, ha dado el estirón y lejos de asustarse, consigue que los rivales tengan miedo de una selección que juega y bien al fútbol. El equipo africano se ha doctorado entre los grandes y ya no sorprende verla competir de igual a igual con las poderosas, como hizo ante Países Bajos. Si en Qatar buscó descaradamente los penaltis ante España, en Monterrey buscó el segundo gol con muchas ganas de evitar la suerte de los penaltis, que también le favorecieron y esta vez con la ayuda del mejor de los naranjas en el partido, el portero Verbruggen que se metió un penalti que había parado previamente y que terminó siendo decisivo, en una tanda que pasará a la historia de los mundiales.
Tuvo de todo, gol en propia puerta, tres palos y una parada de Bono a una mano con los dos pies en el suelo. Saibari logró el gol decisivo para meter a Marruecos entre los dieciséis mejores equipos del torneo.

Los de Koeman solo tenían una baza para ganar y casi les valió. La velocidad de Summerville era lo único que podía poner en jaque a Marruecos. Tras una de sus carreras acertó a asistir desde el suelo a Gakpo para que lograra lo que parecía iba a ser el gol de triunfo, el tanto más emotivo del Mundial. Ahí volvió a aparecer ese carácter competitivo de Marruecos para lograr el empate al filo del añadido tras un certero cabezazo de Diop, justo el que minutos antes había fallado ante Summerville.
Gakpo perdió pocas horas antes del partido un bebé que esperaba su mujer, pero quiso quedarse para poder dedicarles un tanto que vale tanto como un pase a los octavos de final de la Copa del Mundo. Su Selección no lo merecía, pero el destino quiso que estuviera en el sitio justo para empujar la pelota al fondo de la portería de Bono. Pero las ganas y el fútbol marroquí todavía no habían dicho la última palabra.
Los partidos eliminatorios han llegado al Mundial y se nota en aquello del respeto y diría que casi miedo al fracaso, algo que Alemania ya ha visto como llegaba a su puerta. Todos ajustados al máximo, dos en el añadido y los otros dos en la tanda de penaltis. Ese miedo tuvo consecuencia que Marruecos y Países Bajos aparecieron en el imponente estadio de Monterrey como encogidas. Mucho respeto, aunque tras la censurada pausa de hidratación, el descaró marroquí se dejó notar más, demostrado por las cuatro llegadas con peligro al área de un gran Verbruggen, que salvó a su selección hasta en tres ocasiones.

La selección africana tiene un jugador que desde el lateral es capaz de decidir partidos. Bueno, decir que desde la banda es muy relativo porque Achraf Hakimi es capaz de aparecer por dónde quiera. Su físico le permite llegar a todas partes del terreno de juego sin perder el sitio. Hasta cuatro claras ocasiones, quizás alguna de ellas mal ejecutadas por cierto egoísmo, pero siempre creando peligro y con intención como los saques de esquina que lanza. No hay otra selección con jefe tan claro y con tanta presencia. Ninguna.

